El Triángulo de las Bermudas es famoso por su misterio, pero en Borgoña existe otro triángulo igual de legendario y mucho más luminoso: Le Clos Blanc de Vougeot. Un auténtico triángulo dorado, enclavado entre algunos de los grandes vinos tintos del mundo.
Ya en el año 1110, los monjes de la Abadía de Cîteaux supieron leer la singularidad de esta tierra y es por eso que la bautizaron como “el viñedo blanco”. No fue una casualidad. Siglos después, este enclave sigue siendo uno de los secretos mejor guardados de la Côte de Nuits, un lugar donde la historia, la mística y el terroir se alinean de forma casi perfecta.
Aquí nace Clos Blanc de Vougeot 1er Cru, un chardonnay que procede de una viña única, colindante con el castillo del Clos de Vougeot. Un pequeño oasis blanco rodeado de viñedos tintos legendarios, donde el suelo arcillo-calcáreo y la exposición crean un microclima irrepetible.
La elaboración de Domaine de la Vougeraie Le Clos Blanc de Vougeot refleja una búsqueda de precisión y equilibrio. Tras un prensado neumático delicado, la fermentación comienza en depósitos de acero inoxidable y se completa en barricas de roble, aportando complejidad sin eclipsar la identidad del lugar. La crianza se prolonga durante 15 meses en grandes foudres, seguida de 3 meses adicionales en acero inoxidable, afinando el vino y preservando su frescura natural.
Esta joya pertenece a Domaine de la Vougeraie, uno de los dominios más respetados de Borgoña, con sede en Premeaux-Prissey. Desde 1990, el proyecto está bajo la tutela de Jean-Charles Boisset, quien decidió reunir los mejores viñedos familiares en un único dominio. Hoy, la finca es un auténtico mosaico de 74 parcelas que suman 42 hectáreas, trabajadas con una filosofía ecológica y un profundo respeto por el viñedo.
Esa visión, basada en la precisión, la sensibilidad y la fidelidad al terroir, se expresa con especial claridad en Le Clos Blanc de Vougeot. Extraordinario, profundo y lleno de matices, es un vino blanco que demuestra que incluso en la tierra de los grandes tintos, hay rincones donde el blanco alcanza una dimensión legendaria.