El volcán Etna, el más alto y activo de Europa, se alza imponente sobre Catania, en el este de Sicilia. Un coloso vivo que ha modelado durante siglos un paisaje extremo y una viticultura única. Sus suelos volcánicos, ricos en minerales y de drenaje natural, obligan a la vid a profundizar sus raíces, dando lugar a vinos de gran frescura, marcada personalidad y una complejidad difícil de imitar en cualquier otro lugar del mundo.
En este contexto nació una nueva generación de viticultores que entendió que el Etna no se puede dominar, solo interpretar. Entre los nombres que marcaron ese camino destacan Arianna Occhipinti, con su visión natural y respetuosa del viñedo, y Andrea Franchetti, artífice de Passopisciaro y figura clave en la proyección internacional de los vinos del Etna. Su manera de trabajar el territorio y de leer el volcán sentó las bases de la viticultura moderna en la zona y se convirtió en referencia para muchos jóvenes productores.
Uno de ellos es Eduardo Torres, natural de Tenerife, en las Islas Canarias, donde creció entre viñas volcánicas y aprendió a elaborar vino junto a su padre. En 2012 llegó a Sicilia con la intención de formarse y profundizar en una viticultura que sentía cercana por origen y filosofía. Tras varios años de aprendizaje junto a estos dos referentes sicilianos, Eduardo comenzó a trabajar en su propio proyecto con un enfoque claro: trabajo manual, mínima intervención y una lectura precisa del terroir.
Esa filosofía se expresa con nitidez en Eduardo Torres Versante Est Carricante. Las uvas de la variedad carricante proceden de viñedos de entre 45 y 50 años, situados a 650 metros de altitud, sobre suelos sueltos de ceniza volcánica. Con especial atención a la vertiente este del Etna, permite una maduración equilibrada, preservando frescura y tensión.
La vinificación es fiel a su estilo. Maceración pelicular de 5 días, fermentación con levaduras autóctonas en depósitos de hormigón, sin control de temperatura, y una crianza posterior de 8 meses en fudres de roble esloveno de entre 6 y 10 hectolitros.
El resultado es Eduardo Torres Versante Est Carricante, un carricante preciso, mineral y profundo, que habla del Etna con voz propia y confirma la influencia de una escuela siciliana que ha sabido convertir el paisaje en identidad.