En la década de los 70 del siglo XX, Alain Conbard comenzó a elaborar vinos en Chablis (Borgoña) junto a su socio, Michel Laroche. Sin embargo, su espíritu aventurero y explorador lo llevó en 1992 a buscar otros terroirs y zonas menos conocidas. Y sus pasos lo llevaron hasta la Provenza (en el sureste francés), una región muy poco reconocida, donde no existían grandes viñedos industriales, pero donde se comenzaron a elaborar rosados de gran calidad. Tradicionalmente esta región, tradicionalmente, no había ofrecido buenos vinos; sin embargo, el turismo lo cambió todo cuando los veraneantes y grandes celebridades comenzaron a pasar allí sus vacaciones. Este último grupo, que invirtió en grandes propiedades sin viñedos, echaba en falta un vino fresco con el que maridar los días de playa y sus jornadas en yates privados, por lo que las grandes fortunas se propusieron crear una cultura del vino. Entre ellos se encontraba Alain Conrad, quien desde su bodega Figuière decidió elevar el rosado a la altura de un blanco. Y lo consiguió con Figuière Méditerranée.
Figuière Méditerranée es un rosado que nace en las 18 hectáreas que la familia regenta hoy en el Domaine Saint André de Figuière, en la localidad de Londe les Maures, a escasos 20 kilómetros del Mediterráneo. Allí, bajo la supervisión de Delphine (su esposa) y François y Magali (sus hijos), crecen la garnacha, la cabernet sauvignon, la cinsault y la syrah con las que se elabora este vino y que crecen sobre phyllades, un suelo abundante en esquisto y veteado de cuarzo. Su situación tan cercana al mar influye como regulador térmico, dando lugar a un clima específico con precipitaciones muy bajas (menos de 700 mm al año), muchas horas de sol, buenas condiciones de ventilación —gracias a la brisa marina— y poca diferencia de temperatura entre el invierno y el verano. Este terreno, que se mantiene libre de fertilizantes químicos, se trabaja mediante métodos orgánicos. Esto los ha llevado a conseguir una certificación Ecocert.
En cuanto a la vinificación, Figuière Méditerranée se basa en un pilar fundamental: la mínima intervención posible. Respetar la materia prima, no forzar la fermentación, conservar la originalidad de cada parcela… ¡Y lo mejor de todo su precio! Sin duda Figuière Méditerranée representa la mejor forma de acercarse a los vinos provenzales. Y de paso, en cada sorbo, teletransporta a los días de verano … Que bien falta que hace de vez en cuando.