Sus primeros pasos comenzaron en la Mallorca, de la mano de Eloi Cedo y su bodega 4 Kilos. Pero su historia se escribe con letra catalana, al sureste de la provincia de Tarragona, en la D.O. Terra Alta. Aquí, donde experimenta, descubre y hace “lo que le da la gana” en su proyecto La Fugitiva, Óscar Navas ha encontrado una parcela que por su altura y su suelo (calcáreos y muy poco profundos) permite madurar a fuego lento. Este pequeño oasis se encuentra en el pueblo de Batea. En ella se cultiva la garnacha peluda. Y de él nace el tinto La Furtiva Vinya d’en Miquel.
Parece que las viñas viejas de este lugar, con más de 30 años, han aprendido a dar lo mejor de ellas, en una región nada fácil por su aridez. De hecho, el clima mediterráneo —con pocas lluvias en verano— hacen de los meses de junio, julio y agosto uno de los más duros para el viñedo. Parte de esta sequedad tan sólo se ve aliviada por los suelos de panal (que guardan las lluvias de invierno en las capas más profundas), los vientos frescos y las noches refrescantes. Tan sólo de esta manera, y con este contraste, se consigue una gran concentración y una acidez equilibrada. En este sentido hay que aclarar que la garnacha peluda suele tener menos azúcares y más frescura que la garnacha clásica.
La Furtiva Vinya d’en Miquel se elabora con el racimo entero, sin despalillar, comenzando con una maceración de 42 días donde el mosto en contacto con los hollejos conseguirá extraer una gran cantidad de aromas y sabores (como si fuera un potaje). Este tiempo será más que suficiente para que el vino tenga el cuerpo necesario y perfecto para comenzar la fermentación alcohólica, con levaduras autóctonas, y en depósitos de hormigón. Por último La Furtiva Vinya d’en Miquel pasará un año de crianza en barricas de castaño.
Si todos sus vinos son como La Furtiva Vinya d’en Miquel, por favor, que este chico siga investigando y haciendo lo que quiera.