Libros y vinos. Un matrimonio inquebrantable que se mantiene a lo largo del tiempo. Nada los separa. Nada puede con ellos. Y en Las Moradas de San Martín -bodega ubicada en la Sierra de Gredos (Madrid)- bien lo saben. Por este motivo cada una de las etiquetas de sus botellas son un pequeño fragmento, escrito por autores de la zona como Luis Zueco, quien puso verso y letra a Las Moradas de San Martín Senda.
Montaña, viticultura ecológica son las bases de este tinto, cultivado en viñedos viejos que crecen en cuatro parcelas distintas: Panaderos, Corzos, Boquerón, La Coja y Ponientes. Todas ellas se ubican, en San Martín de Valdeiglesias, una de las cuatro zonas en las que se divide la D.O. Vinos de Madrid. En este rincón, de relieve accidentado en el suroeste de la comunidad, las cepas de garnacha tinta se cultivan a 870 metros de altitud, sobre gravas graníticas y bajo un clima continental (donde se registra el índice de lluvia más alto). Aquí, en la confluencia de estos tres factores, la garnacha tinta encuentra su lugar, convirtiéndose en una variedad muy productiva y fácil de cultivar.
La vendimia de Las Moradas de San Martín Senda se realiza de forma manual, en cajas pequeñas, y son trasladadas a la bodega. Allí son seleccionadas, asegurando así que se mantenga la calidad que tanto se ha cuidado en los viñedos (cultivados ecológicamente). De ahí, los racimos de Las Moradas de San Martín Senda se despalillan y pasan a los depósitos de acero inoxidable, donde las uvas de cada parcela fermentarán por separado, en contacto con sus pepitas y hollejos. En este tiempo, la piel irá liberando lentamente pigmentos durante el proceso, consiguiendo Las Moradas de San Martín Senda su característico color. Para ello en Las Moradas de San Martín se valdrán también de remontados, muy suaves, que se realizarán al mismo tiempo que las levaduras trabajan.
Una vez acabado este proceso, Las Moradas de San Martín Senda pasará a las barricas de roble francés donde tendrá una crianza de diez meses. Pasado este tiempo, llega el momento de la verdad: el ensamblaje. En este paso, donde está en juego la verdadera alma y esencia del vino, un equipo de expertos decide que porcentaje de cada parcela se usará en cada añada. Por último, Las Moradas de San Martín Senda se embotella sin filtrar ni clarificar, confiando en el tiempo y en la fuerza de la gravedad para conseguir la limpieza del vino.