La mayoría lo conoce como el hermano pequeño del Brunello di Montalcino. Pero eso de pequeño sólo se aplica en lo que respecta a la edad y al envejecimiento (de tan sólo un año entre barricas y botellas). El Rosso di Montalcino llega a ser igual de grande, e interesante, que su hermano mayor. No tiene nada que envidiarle.
Las diferencias entre ambos vinos apenas es notoria: un mismo territorio en el municipio de Montalcino (en la Toscana), la misma uva sangiovese (también conocida como brunello) y una misma elaboración y vinificación. No obstante, tanto el envejecimiento del Rosso di Montalcino como su precio son mucho menores. En apenas cuatro meses -frente a los cuatro años mínimos que exige el Brunello di Montelcino- las botellas salen antes de la bodega y se venden a precios mucho más asequibles. Indudablemente, ambos motivos se mostraron más que suficiente para que desde 1984 los elaboradores de la zona, como Poggio Antico, se centrase en este tipo de vinos, dando así alternativas a los buenos bebedores (sin comprometer sus bolsillos).
De esta forma es como nace Poggio Antico Rosso di Montalcino a partir de las 35 hectáreas de viñedo que la bodega cultiva orgánicamente y de forma manual en las colinas más altas de Montalcino. A una altura de casi 500 metros se encuentran suelos antiguos y mixtos, formados por rocas calcáreas y galestro (margas), donde se combinan dando hasta 15 micro terroirs. Cada uno de ellos se cosecha y vinifica por separado. Esto garantiza las múltiples expresiones que alcanza la sangiovese, única e irrepetible. En parte, todos estos matices se consiguen gracias a los microclimas que surgen por las pendientes y diferentes exposiciones del viñedo. En concreto Montalcino se encuentra a 40 Km del mar, a 100 Km de los Apeninos y muy cerca del monte Amiata (al sur). Todos estos accidentes geográficos van a influir irremediablemente, modificando el clima mediterráneo seco. Mientras que el monte Amiata protege a los viñedos de las granizadas y lluvias (que caen sobre todo en primavera y otoño), el mar y los Apeninos influyen evitando tanto la niebla como las heladas (en altitudes superiores a los 400 metros incluso nieva). No obstante, durante la fase de crecimiento de la vid, el clima suele ser templado, garantizando la correcta maduración de la uva, a un ritmo gradual (sin prisas, pero sin pausas).
En Poggio Antico Rosso di Montalcino todos los trabajos se encauzan hacia la calidad. No importa tener bajos rendimientos (con una media de 4.500 Kg/Ha), siempre que la uva sea la mejor posible. A cada parcela hay que darle su tiempo, por lo que las fechas de vendimia varían de una zona a otra. A medida que se van recogiendo los racimos, los jornaleros ya van seleccionando las mejores bayas. De ahí, Poggio Antico Rosso di Montalcino llega a la bodega, donde se volverán a examinar de nuevo en la mesa de selección, con la ayuda de una clasificadora óptica. Por último, las uvas serán encubadas, manteniendo cada parcela por separado. Así fermentará y permanecerán hasta su envejecimiento -parte en madera y parte en botella-, donde cada uno de los terrenos evolucionará a su ritmo.
Finalmente, cada uno de los depósitos se mezclarán, encontrando los enólogos el ensamblaje perfecto donde la sangiovese pueda expresar todos sus matices. Todo un caleidoscopio de sabores y matices enriquecedores que no hay que perderse por nada en el mundo.