Terca, temperamental y difícil de domar. Nadie dijo que fuera fácil pero con paciencia, y varios siglos de práctica, se pueden llegar a conseguir vinos fabulosos como Poggio Landi Rosso di Montalcino.
Poco más hay que añadir para saber que hablamos de la sangiovese, uva tinta y la reina indiscutible del pueblo de Montalcino. Desde el centro Italia, en la Toscana, esta variedad es capaz de producir dos denominaciones: por un lado, la D.O.C. Brunello di Montalcino (famosa por sus largos tiempos de crianza); y por otro la D.O.C. Rosso di Montalcino (mucho más joven, fresca y en la que no es necesario esperar tanto).
Poggio Landi Rosso di Montalcino se elabora en Poggio Landi, una de las bodegas referentes de la zona propiedad del magnate Alejandro Bulgheroni. En concreto Bulgheroni, que desde años lleva diversificando su fortuna petrolífera entre el vino y el aceite, es un enamorado de la Toscana y desde el año 2012 se encuentra al frente de esta bodega donde invirtió más de tres millones de euros en su reforma y rehabilitación. Evidentemente en este trabajo no estuvo solo y en esta aventura lo acompaña Alberto Antonini.
Desde su llegada, y aparte de la renovación, Poggio Landi ha sufrido otros cambios, como la conversión de las 33 hectáreas de viñedo a . Las cepas, entre 18 y 25 años, se encuentran orientadas hacia el sur-suroeste, sobre suelos arcillosos entre los 180 y 500 metros de altitud. En bodega Poggio Landi Rosso di Montalcino arranca a fermentar espontáneamente, a partir de levaduras autóctonas, y tendrá una crianza de 12 meses (aproximados) en barricas de roble francés.
Dicen por ahí que “el carácter no se regala”. Se cotiza demasiado alto. Y tan sólo se puede sacar a pasear con quien verdaderamente valga la pena. ¿Y tú? ¿Lo mereces? Recuerda siempre: Poggio Landi Rosso di Montalcino. Pura personalidad.