Londres, años 70. Un ejecutivo de publicidad británico lo deja todo y se muda a la Toscana con su esposa italiana. ¿Un guion de película? No. Es el origen de Riecine, una de las bodegas más queridas del Chianti Classico.
Todo comenzó en 1971, cuando John Dunkley y Palmina encontraron una finca en ruinas en las colinas de Gaiole in Chianti. Era solo una granja medio derrumbada llamada "Riecine” y una hectárea y media de viñas abandonadas. Pero donde otros veían escombros, ellos vieron futuro (y vino, claro).
Los terrenos pertenecían a los monjes de Badia a Coltibuono y, según antiguos documentos, allí ya se hacía vino en el siglo XII. Así que, más que empezar de cero, estaban resucitando una historia dormida. En 1973, embotellaron su primer vino bajo la etiqueta Riecine. Salió al mercado dos años después… ¡y fue un éxito! ¿La clave? Un estilo de Chianti Classico sobrio, directo, sin artificios. Un vino con alma.
Cincuenta años y algunas mudanzas después, Riecine volvió a manos italianas. Desde 2024, el enólogo Alessandro Campatelli lidera la bodega, manteniendo el espíritu original: vinos honestos, bien hechos y con identidad.
Riecine Chianti Classico es pura expresión de sangiovese. Las uvas vienen de viñedos viejos, entre 30 y 40 años, cultivados en altura sobre suelos calcáreos. Todo se hace a mano, desde la vendimia hasta la selección de racimos. La fermentación se lleva a cabo en tanques de cemento, sin artificios, y la crianza dura dos años en grandes toneles de roble, más unos meses en botella.
Como resultado nos presenta un Chianti elegante, con nervio, fresco y profundo. Riecine Chianti Classico no pretende impresionar con potencia. Lo suyo es la sutileza y la tensión elegante del buen sangiovese.