Aunque Thibaud Boudignon empezó su vida entre tatamis, como judoka de alto nivel, hoy lo suyo es la precisión en la viña. Nacido en Burdeos, pero con ganas de aprender todo lo que la vida vinícola podía ofrecer, se fue a Gevrey-Chambertin en Borgoña para pulir su oficio, y más tarde aterrizó en Château de la Soucherie en Savennières (en Loira), donde se ganó su reputación trabajando orgánico y con mucha disciplina.
Pero Thibaud no es de quedarse quieto. En 2008 montó su propio pequeño rincón en Savennières y en 2009 sacó su primera cosecha, con solo 3,5 hectáreas. Desde el primer momento, su objetivo fue cuidar la uva como oro, sin químicos, sin atajos, y con esa filosofía ha ido escalando hasta convertirse en uno de los nombres más interesantes del Loira. Es de esos que hacen que la chenin blanc deje de ser solo otro blanco para convertirse en una experiencia que vibra.
Su Clos de la Hutte Savennières es la prueba de su magia. 100% chenin blanc procedente de suelo de esquisto que le da un punch mineral brutal. En bodega pasa por una fermentación con levaduras autóctonas y, después, una crianza de un año en barricas de roble y unos 3 meses en acero inoxidable.
Thibaud no solo hace vinos, sino que gracias a elaboraciones frescas, elegantes y complejas como Clos de la Hutte Savennières, está ayudando a que toda una nueva generación de enólogos del Loira piense diferente, rompa reglas y lleve la chenin a otro nivel.