Galicia está viviendo su mejor momento. Una región llena de talento, pasión y energía joven, con productores que están dando lo mejor de sí para ofrecer al mundo los verdaderos tesoros que nacen de su tierra. Uno de esos productores excepcionales es Xurxo Alba, quien, tras completar sus estudios, decidió volcarse en el cuidado de las viñas de Cambados, en Galicia, buscando pequeñas parcelas en minifundio que respiraran la brisa atlántica. Tanto es así que incluso el nombre de uno de sus vinos, Alma de Mar, ya nos brinda una declaración de intenciones.
Las uvas de albariño que componen Albamar Alma de Mar provienen de la finca O Pereiro, una parcela que fue plantada en dos etapas a lo largo de los años 80, y en donde las cepas crecen sobre suelos arenosos y arcillosos, a escasos metros de la orilla. Se lleva a cabo una agircultura respetuosa y la vendimia se realiza manualmente en el momento óptimo de maduración. En bodega, después de un prensado suave, el mosto fermenta de forma espontánea con levaduras autóctonas en depósitos de acero inoxidable. Después, durante 6 meses, el vino madura sobre sus lías finas, con batonnages frecuentes para darle cuerpo y complejidad. Finalmente, tras el embotellado, sigue afinándose en botella, asegurando que cada sorbo sea un reflejo puro del terroir gallego.
Con viticultura sostenible, mínima intervención y el uso de levaduras autóctonas, Xurxo ha transformado su amor por la tierra en vinos llenos de frescura, nervio y esa salinidad tan característica de los vinos Atlánticos. En Albamar Alma de Mar nos lo sirve en bandeja.