En ciertas ocasiones, las mejores decisiones son las que no se piensan. Y en el caso del artista Bibi Graetz fue así, cuando se lio la manta a la cabeza y se metió de lleno en el mundo del vino. De eso hace ya más de 30 años, en 1990. En aquel momento estaban a punto de vencer el arrendamiento de los viñedos que rodeaban Castello di Vincigliatta - el castillo de la familia cercano a Fiesole, en la Toscana-; y él decidió meterse de lleno en el asunto. Hoy en día, gracias a su tinto Bibi Graetz Testamatta -que en italiano significa cabeza loca- no se olvida esta anécdota inicial porque; ¿Para qué negarlo? ¿En el fondo sí que fue un poco cabeza loca no?
Antes que viticultor, Bibi Graetz se dedicaba al arte, un mundo en el que los sentidos, la creatividad y la pasión guían el trabajo. Este mismo camino, totalmente alejado de tecnicismos y teorías, es el que sigue Graetz en la elaboración de sus vinos. Y por el momento no le ha ido nada mal teniendo en cuenta que, actualmente, Bibi Graetz Testamatta es considerado un gran vino, repleto de puntuaciones y buenas críticas. Quizás su magia reside en la mezcla de viñedos ubicados en los mejores terroirs de la región. En el caso de Bibi Graetz Testamatta hablamos de cinco: Lamole y Montefili (en el corazón del Chianti Classico plantados entre los 600 y 400 de altitud), Vincigliata (cerca de Florencia a 280 metros sobre el nivel del mar), Londa (al norte de Florencia) y Siena, en el sur (a unos 250 metros de altitud).
Todas estas parcelas se cultivan de forma natural, respetando en todo momento la variedad san giovese. De nuevo, una vez más, los sentidos entran en juego en la elaboración de Bibi Graetz Testamatta cuando los viñedos se repasan hasta ocho veces durante la vendimia, buscando siempre el perfecto estado de maduración de la uva y dando tiempo a los racimos más rezagados. A su llegada a la bodega, las uvas de Bibi Graetz Testamatta vuelven a ser seleccionadas y pasan directas a ser despalilladas y prensadas. Todas las parcelas son trabajadas y encubadas por separado, realizándose la fermentación también de esta manera. Este paso, que será fundamental, se llevará a cabo con levaduras autóctonas, en barricas abiertas de 225 L, sin ningún control de temperaturas (con seis remontados diarios). Por último una maceración del vino con las pieles (entre 7 y 10 días) y una crianza de al menos dos años en barricas fabricadas hace más de una década, serán los últimos pasos en la elaboración de Bibi Graetz Testamatta.
En esta aventura, al igual que en su obra artística, Graetz tuvo referentes. En este caso se inspiró en los grandes de Italia, como Sassicaia y Pétrus. No obstante, con el paso del tiempo Bibi Graetz ha conseguido algo mucho mejor: convertirse en una bodega con estilo propio. Hoy en día, él y sus vinos son la inspiración con la que muchas personas sueñan.