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Decántalo
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Descubriendo a Héctor Pla y Oriol Ripoll, fundadores de Decántalo

28/01/2026 Entrevistas
Descubriendo a Héctor Pla y Oriol Ripoll, fundadores de Decántalo

¿Qué hacen dos tecnólogos vendiendo vino? Esa es la primera pregunta que te viene a la cabeza al conocer a Héctor Pla y Oriol Ripoll. Pero después de 20 años de conocerse, uno entiende que la vida da vueltas imposibles… y que el vino, de alguna manera, estaba destinado a cruzarse en su camino.

Un tiovivo de emociones todavía se refleja en el brillo de sus ojos mientras hacen una retrospectiva de su proyecto como padres orgullosos de su hijo: Decántalo. Recuerdan cómo empezó, cómo se fue formando, cómo sigue creciendo… y con esa incertidumbre positiva que siempre les empuja a dar un paso más bajo su mantra: “Vamos… y ya veremos”.

1. Los polos opuestos se atraen

Héctor y Oriol no podrían ser más distintos. Y justo por eso funcionan.


Héctor es cuadrado y metódico, —yo soy más alemán— como dice él, mientras que Oriol es un tren de alta velocidad que nunca para.


No siempre coinciden, ni sus métodos tienen mucho que ver, pero hay algo que los une: no se achantan ante ningún inconveniente. Les mueve aprender, mejorar y avanzar, y en eso no hay quien los pare. Esa motivación constante ha sido, desde el principio, el motor de Decántalo.


2. “Vamos… y ya veremos”

Decántalo nació sin manual, sin métricas y sin certezas. Literalmente.


No somos académicos. Somos de los tiempos pre-Google. Todo lo que sabemos lo hemos aprendido trabajando —dicen.


Empezaron probando de todo: música electrónica en mp3, luego aceite, después jamón… siempre con una visión clara: vender fuera de España, porque en casa la crisis inmobiliaria lo hacía todo imposible.


Hasta que apareció la idea de vender vino. Vino tinto, perfecto para revivir esas vacaciones en España. Era, sin duda, el producto ideal para cruzar fronteras.
No era locura; era intuición pura. Era un tiempo pre-e-commerce moderno, sin datos ni precedentes. Todo se hacía a prueba y error. Solo había una certeza: si en España hay crisis, fuera habrá oportunidades.


Por eso, desde el primer día, tuvieron claro que Decántalo debía ser internacional. La primera web salió en cuatro idiomas: francés, inglés, alemán y español. Sin inversión, sin capital… todo al revés de cualquier otro negocio.


Pero lo realmente mágico fue que empezaron a vender un producto que parecía imposible de vender online. A principios del siglo XXI, el e-commerce existía, pero nadie lo usaba… y mucho menos si hablamos de vino. Para muchos, incluso era un sacrilegio. Y aun así, ellos lo hicieron funcionar.


3. El punto de inflexión: el covid

Y entonces llegó el covid. Y cambió todo.


La pandemia no solo puso a prueba el negocio, lo aceleró. El tráfico se disparó, el almacén se convirtió en una olla a presión. Pero sobre todo, cambió los hábitos de compra. El canal online dejó de ser el plan B.


El vino online se consolidó. El consumidor, que antes iba a su vinoteca de confianza, se vio obligado a probar la tienda online. Y la sorpresa fue mayúscula: llegaba cómodo, en condiciones perfectas, con una oferta muy extensa y a buen precio.


4. Más de 10.000 vinos de todo el mundo

Si hay algo que hace único a Decántalo, es su catálogo infinito. Más de 10.000 vinosespumososdestilados de todo el mundo, seleccionados con mimo, para que cada cliente encuentre su botella perfecta.

Y aunque después del covid Héctor y Oriol pensaron que el crecimiento se frenaría tras duplicar la facturación en tiempos de confinamiento, para su sorpresa no solo no se frenó, sino que siguió creciendo. 


Es en ese contexto que llegó la fusión con Le Petit Ballon, un proyecto pionero en la venta de vino por suscripción en Francia cuya unión impulsó a Decántalo a dar un salto decisivo: de pequeña empresa independiente a compañía profesionalizada, con tecnología avanzada y nuevas instalaciones.


No nos mueve sólo el resultado. Nos mueve el proyecto en sí —dicen—. Esa ilusión de levantarse cada día con ganas de avanzar, innovar y dar el mejor servicio es lo que mantiene viva la historia de Decántalo… y, lo mejor de todo, es que aún queda mucho por escribir.