Descubriendo La Rioja Alta con Guillermo de Aranzabal Bittner
Estrenamos director general y, aunque esta era su primera entrevista en el cargo, lo cierto es que Guillermo de Aranzabal Bittner no tiene nada de debutante. Joven, sí, pero extremadamente formado y dueño de una serenidad que sorprende.
Cuando llegamos, parecía escoltado por el director comercial y el de marketing; sin embargo, pronto quedó claro que no necesitaba compañía para manejar la situación. Hay tablas, y no precisamente por los años, sino por pura profesionalidad. En una familia como la suya, el vino se respira desde la cuna. Conversaciones, reuniones familiares y comidas del día a día giran siempre en torno a la bodega y a cómo evoluciona.
Con una sólida formación en Deusto y en Estados Unidos, y experiencia previa gestionando marketing y comercialización del grupo en Latinoamérica y el Sudeste Asiático, Guillermo tiene a sus 30 años la convicción de que se aprende más en la práctica que en la teoría universitaria, y lo está demostrando con creces en su nuevo cargo.
La entrevista tiene lugar en el histórico garaje de los cosecheros, el mítico “Club de los Cosecheros”, un espacio que aún respira tradición. No es casual. Pocas bodegas combinan tan bien la herencia centenaria con la innovación puntera como La Rioja Alta.
Clásicos de vanguardia
En 1890, cinco viticultores vascos y riojanos pusieron en marcha lo que hoy conocemos como La Rioja Alta, en pleno Barrio de la Estación de Haro. De primeras, el nombre puede causar confusión: Rioja Alta como zona, La Rioja Alta S.A. como grupo y La Rioja Alta como bodega. Pero su antigüedad les da ventaja, pues fueron bautizados antes de que la normativa impidiera registrar nombres de una región, y hoy ese nombre es reconocido en todo el mundo.
La bodega se autodefine como creadora de “nuevos clásicos”, manteniendo lo que la ha hecho reconocible —coupage de diferentes zonas, variedades tradicionales y largas crianzas en roble americano— y, al mismo tiempo, incorporando elementos de sofisticación y elegancia basados en una enología cada vez más precisa.
No es casualidad que cuenten con uno de los laboratorios enológicos más avanzados de España, donde drones, análisis de última generación y selección fotográfica ultrarrápida de uvas conviven con procesos centenarios.
Su buque insignia, Viña Ardanza, ejemplifica esta filosofía. Antes, el coupage pasaba directamente a botella; ahora, tras su crianza en barrica, se estabiliza nueve meses en depósitos de acero inoxidable antes de ser embotellado. “Vamos adaptando mejoras en busca de equilibrio y elegancia”, resume Guillermo.
Crianza, Reserva, Gran Reserva: un lenguaje universal
La Rioja Alta se ha ganado el prestigio internacional gracias a su capacidad para mantener una identidad marcada sin renunciar a evolucionar. Dos terceras partes de su producción se exportan y, en mercados internacionales, cualquier consumidor entiende de inmediato las categorías clásicas de Rioja: Crianza, Reserva y Gran Reserva. La simplicidad del sistema —basado únicamente en el tiempo de crianza— ha sido durante décadas una fortaleza.
Pero esa simplicidad también puede ser limitante. Por eso, la apuesta de la bodega es conservar la claridad que ha hecho reconocibles sus vinos, sobre todo fuera de España, mientras se exploran nuevas formas de clasificación que reflejen origen, autenticidad y expresión de cada viñedo. Mantener la esencia, pero enriquecer la historia que cada botella puede contar.
Una identidad muy marcada
Siendo la primera bodega de la zona en abrir sus puertas al público y crear un departamento específico para recibir visitantes, La Rioja Alta también fue pionera en enoturismo en España. Hoy, 30 personas se dedican a organizar visitas, comedores privados, experiencias personalizadas y transmitir la filosofía de la bodega cara a cara, ofreciendo un contacto directo que sigue funcionando.
Su oferta es amplia y variada. Desde visitas clásicas y experiencias especiales, hasta eventos, comidas privadas, alojamiento, Wine Bar, tienda y reuniones corporativas. Cada encuentro es una oportunidad de descubrir el alma de La Rioja Alta, su historia y su filosofía, dejando que cada visitante viva la bodega en primera persona.
Con tanto movimiento dentro de la bodega, la pregunta es inevitable: ¿emprendedor o empresario? Para Guillermo, la respuesta es sencilla: “un buen empresario es el buen emprendedor”. Así, la sexta generación llega con ímpetu para mantener vivo todo lo que las cinco anteriores construyeron con dedicación y pasión, con la habilidad de transformar uno más uno en tres o cuatro, interpretar el mercado con lucidez y respaldar cada iniciativa con entusiasmo. Porque en La Rioja Alta, como en la vida, sin pasión no se llega a ningún lado.