Entrevista a Meritxell Juvé, Consejera Delegada de Juvé & Camps
Habíamos estado antes en Espiells, la finca que late en el corazón de Juvé & Camps, en Sant Sadurní d’Anoia (Penedès), rodeada de viñedos que se extienden a los pies de la bodega y donde la distancia entre la cepa y el depósito se mide en apenas unos metros. Sin embargo, esta vez la visita tenía un significado distinto.
El pasado 1 de abril, la histórica casa de Sant Sadurní d’Anoia protagonizó una de las noticias más comentadas del vino español al anunciar su salida de la DO Cava para incorporarse a la marca colectiva Corpinnat. Un movimiento tan inesperado como trascendente que agitó el sector y convirtió este regreso en algo inevitable. Queríamos entender qué había detrás de una decisión que llevaba años gestándose y que, para una familia con siete generaciones de historia en el Penedès, iba mucho más allá de un cambio de sello.
Meritxell Juvé, consejera delegada y cuarta generación de la bodega, nos recibe con naturalidad, sin gesto de excepción. Está acostumbrada a las entrevistas; desde que estalló la noticia, su agenda apenas ha dejado espacio para el silencio. Habla con soltura, con la precisión de quien ha tenido que explicar muchas veces una misma decisión sin que pierda matices en el camino.
Cuando el origen deja de ser una palabra
La mañana es clara en Espiells y el paisaje acompaña en silencio la conversación. Antes de que aparezcan términos como denominaciones, estrategias o posicionamiento, surge una palabra que acabará marcando toda la entrevista: origen.
No se pronuncia como un lema comercial ni como una respuesta aprendida. Aparece de forma natural, asociada a la tierra, a las variedades autóctonas, a las personas que trabajan el viñedo y a una manera muy concreta de entender el vino. Quizá porque, en el caso de Juvé & Camps, hablar de origen es hablar de siete generaciones cultivando el mismo territorio.
Mientras avanza la conversación, todo vuelve una y otra vez al viñedo. A las decisiones tomadas décadas atrás que todavía pesan en el presente, a las historias familiares que se esconden detrás de cada parcela, a una infancia rodeada de cepas, vendimias y conversaciones en las que el vino era parte del día a día. "El vino no es solo vino, es toda la historia que hay detrás", explica.
Por eso, cuando habla de la entrada en Corpinnat, la marca colectiva de vinos espumosos de calidad en el Penedès, no lo hace en términos de ruptura. La describe más bien como una consecuencia lógica de una forma de trabajar que apenas ha cambiado con el paso del tiempo. "Llevamos haciendo lo mismo siempre. Pero hoy nos sentimos más identificados con Corpinnat".
Una decisión meditada durante años
Desde fuera, el anuncio se vivió como un auténtico terremoto. Pocas bodegas tienen el peso específico de Juvé & Camps dentro del universo de los espumosos de calidad y pocas decisiones habían generado tanta conversación en tan poco tiempo.
Ella, sin embargo, asegura que no esperaba semejante repercusión mediática. Cuando se le pregunta por ello sonríe con cierta incredulidad antes de explicar que la decisión es el resultado de innumerables reuniones, conversaciones familiares y horas de reflexión. "Cuando la tercera y la cuarta generación se ponen de acuerdo es que la decisión va para adelante".
En ningún momento aparecen reproches hacia la DO Cava. Más bien al contrario. El agradecimiento es constante y sincero. "Somos lo que somos gracias al Cava. Estamos muy agradecidos porque hemos llegado hasta aquí siendo cava y no queremos hacer daño a nadie".
La frase resume el tono de toda la conversación: firmeza sin confrontación, convicción sin resentimiento. Su padre, explica, siempre antepuso la marca a cualquier interés personal y entendió que este era el paso más sensato para el futuro de la bodega. Una decisión difícil, precisamente por la carga emocional que el Cava tiene en la historia familiar.
La incorporación de Juvé & Camps supone además un impulso evidente para Corpinnat. La bodega elabora prácticamente el mismo volumen que el conjunto del resto de integrantes de la marca colectiva, una presencia que refuerza de forma notable la visibilidad del proyecto sin alterar su planteamiento de fondo.
Construir valor para las próximas generaciones
A lo largo de la entrevista hay una idea que reaparece con insistencia: la necesidad de pensar a largo plazo. "No podemos pretender que todo cambie de un día para otro. Necesitamos tiempo y las cosas acabarán poniéndose en su sitio".
La reflexión va más allá de lo administrativo o lo institucional. Lo que realmente le preocupa es cómo construir valor para el territorio y para quienes lo hacen posible. Por eso habla del agricultor casi con la misma intensidad con la que habla del origen. "Hay que mejorar el precio de la uva. Sin materia prima no hay cultura y sin cultura no hay vino".
La frase condensa buena parte de lo que Corpinnat intenta defender: revalorizar el trabajo en el campo, poner el foco en las variedades autóctonas y reivindicar un territorio que, en su opinión, tiene todo lo necesario para consolidarse entre las grandes regiones vinícolas del mundo.
Pero el vino, como ella misma recuerda durante la conversación, nunca habla solo de lugares. También habla de personas. De ahí que, al pensar en lo más bonito de su trabajo, no mencione premios ni reconocimientos. Habla de las historias que le devuelve la gente. Brindis que permanecen en la memoria mucho después de que desaparecen las burbujas. "El vino sirve para las penas y para las glorias, pero el espumoso está ligado sobre todo a las alegrías".
Al terminar la entrevista mira el reloj y se disculpa. Tiene que marcharse. No la espera una reunión, una presentación o una cata, sino su otro trabajo: sus hijos.
Mientras la vemos alejarse, resulta difícil no pensar que quizá ahí reside la verdadera fuerza de proyectos como este. En personas que entienden que construir un legado no consiste solo en elaborar grandes vinos, sino en cuidar aquello que permitirá que alguien, dentro de otras siete generaciones, siga hablando de origen con la misma convicción.