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Historia de la barrica III: La crianza del vino en barricas

La crianza del vino no sólo tiene como finalidad el aporte aromático que todo el mundo busca y aprecia a la hora de comprar vino, sino que además, durante los meses que pasa dentro del recipiente de roble, el vino se transforma, ganando complejidad y estabilidad.

A continuación explicaremos cuales son las características esenciales de la crianza.

crianza del vino en barrica


La crianza del vino en barricas permite una micro-oxigenación a través de la  porosidad de las duelas. Mediante este proceso, conseguiremos una estabilización del color y se suavizará la astringencia. Asimismo, se producirá una precipitación de las partículas coloidales, mayoritariamente materia colorante, dándole mayor limpidez al vino y evitando que después precipiten en la botella.

El roble aporta al vino aromas, compuestos fenólicos, grasas y ceras que mejoran su calidad aromática y gustativa. La gama aromática de la crianza dependerá de muchas variables, entre las cuales destacamos el origen botánico y geográfico del roble, su grano, el sistema de secado, el grado de tostado de las duelas y la edad de la barrica.

Las propiedades que aporta al vino también depende del origen de la barrica. Las barricas de roble francés dan una mayor polimerización de sustancias. Esto aporta estabilidad al vino, con lo que perdurará más y mejor en el tiempo. Los aromas son discretos y secos: ahumados, balsámicos y especiados, respetando con ello el aroma propio del vino. Durante la juventud de la barrica obtendremos más cantidad de taninos que aportan una mayor astringencia y estructura al vino.
Las barricas de roble americano tienen una gama aromática más intensa, expresiva y dulce, con notas a frutas exóticas, como el coco y la vainilla. Tienen unos taninos más blandos, consiguiendo vinos más redondos y fáciles de beber.

Tanto la micro-oxigenación como la cesión de substancias de la barrica se van disipando con el paso del tiempo. Debido a la profundidad del tostado de las duelas, las barricas de roble americano suelen ser más longevas que las de roble francés. La estimación media de la barrica es de unos 3 a 5 años para la de roble francés y de unos 5 a 7 años para la de roble americano. A partir de ese momento, los poros de las duelas comienzan a colmatarse disminuyendo la aportación y calidad de taninos y de substancias solubles. La barrica ya no nos aportaría todos los matices aromáticos, compuestos fenólicos, grasas y ceras, pero continuará siendo un buen recipiente para la evolución y conservación del vino.

LA CRIANZA EN BARRICAS.

ESTABILIZACIÓN Y COMPOSICIÓN AROMÁTICA.

La crianza del vino no sólo tiene como finalidad el aporte aromático que todo el mundo busca y aprecia, sino que además, durante los meses que pas dentro del recipiente de roble, el vino se transforma, ganando complejidad y estabilidad.

A continuación explicaremos cuales son las características esenciales de la crianza.

La crianza en barricas permite una micro-oxigenación a través de la porosidad de las duelas. Mediante este proceso, conseguiremos una estabilización del color y se suavizará la astringencia. Asimismo, se producirá una precipitación de las partículas coloidales, mayoritariamente materia colorante, dándole mayor limpidez al vino y evitando que después precipiten en la botella.

El roble aporta al vino aromas, compuestos fenólicos, grasas y ceras que mejoran su calidad aromática y gustativa. La gama aromática de la crianza dependerá de muchas variables, entre las cuales destacamos el origen botánico y geográfico del roble, su grano, el sistema de secado, el grado de tostado de las duelas y la edad de la barrica.

Las barricas de roble francés dan una mayor polimerización de sustancias. Esto aporta estabilidad al vino, con lo que perdurará más y mejor en el tiempo. Los aromas son discretos y secos: ahumados, balsámicos y especiados, respetando con ello el aroma propio del vino. Durante la juventud de la barrica obtendremos más cantidad de taninos que aportan una mayor astringencia y estructura al vino.

Las barricas de roble americano tienen una gama aromática más intensa, expresiva y dulce, con notas a frutas exóticas, como el coco y la vainilla. Tienen unos taninos más blandos, consiguiendo vinos más redondos y fáciles de beber.

Tanto la micro-oxigenación como la cesión de substancias de la barrica se van disipando con el paso del tiempo. Debido a la profundidad del tostado de las duelas, las barricas de roble americano suelen ser más longevas que las de roble francés. La estimación media de la barrica es de unos 3 a 5 años para la de roble francés y de unos 5 a 7 años para la de roble americano. A partir de ese momento, los poros de las duelas comienzan a colmatarse disminuyendo la aportación y calidad de taninos y de substancias solubles. La barrica ya no nos aportaría todos los matices aromáticos, compuestos fenólicos, grasas y ceras, pero continuará siendo un buen recipiente para su evolución y conservación.

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