Sabores de otoño: maridajes que duran más allá del calor
Los días se acortan, las sobremesas disminuyen y el vino vuelve a ser el protagonista los fines de semana. La vuelta del verano tiene sus propias reglas, y estar pendientes del reloj y los horarios es una de ellas.
Con menos tiempo para cocinar (y también para descansar), los maridajes y el tiempo entre fogones ocupan un lugar principal donde más rápido no siempre quiere decir peor. ¿Una receta sabrosa, preparada en poco tiempo, con un vino espectacular? ¿A quién no le gusta? Déjanos ayudarte con nuestras propuestas de maridaje. ¡Ya te adelantamos que te van a encantar!
Vino tinto y tarta de tomates cherry con burrata (25 minutos)
¿Quién dijo que el regreso del verano no es mejor con un vino tinto? Las botellas más jugosas y refrescantes son las mejores opciones cuando baja el termómetro. Para ello recuerda siempre elegir los perfiles amaderados y con largos tiempos de crianza, donde las notas afrutadas y refrescantes quedan escondidas y pasan casi desapercibidas. ¡Eso sí! Es muy importante no pasarse con el frío y servirlo a la temperatura adecuada. Un beaujolais, o un monovarietal de garnacha y mencía ligero y fresco, pueden ser el mejor acompañante para una tarta de tomates cherry con burrata.
- 1. Extiende el hojaldre en una bandeja y hornéalo durante 10 minutos.
- 2. Agrega los tomates cherry y hornea 15 minutos más.
- 3. Retira del calor y añade queso burrata, hojas de albahaca y un poco de aceite de oliva.
¡Espectacular!

Vino blanco y ceviche de langostinos (30 minutos)
Es innegable que el vino blanco es el gran olvidado durante estos meses. Bien frío y en cualquiera de sus variedades —sauvignon blanc, chardonnay, chenin blanc, verdejo…— este tipo de vinos es siempre una apuesta ganadora. Da igual con qué lo marides. Siempre queda bien, especialmente con el pescado y el marisco. Por ello, apunta esta receta de ceviche de langostinos.
- 1. Pela y corta los langostinos (deben estar muy poco hechos). Prepara también cebolla morada, cilantro, un aguacate y el zumo de una lima (10 minutos).
- 2. Mezcla todos los ingredientes y déjalos marinar durante 20 minutos en la nevera.
La acidez del vino resaltará los cítricos y limpiará el paladar. Explosión de sabores asegurada.

Espumoso y tosta de ricotta, limón y anchoas (15 minutos)
Algo salado, un poco de dulce y también algo de umami. En otoño e invierno es casi inevitable mezclar comidas y sabores (¡Atentos a las comidas navideñas!). Por eso, entre tanto vaivén gastronómico, nada como un buen espumoso para resetear, limpiar el paladar y prepararse para el siguiente bocado. Lo ideal: platos sencillos, con pescado y algo de grasa, como las tostas de ricotta, limón y anchoas.
- 1. Tuesta el pan en la sartén hasta que esté crujiente (5 minutos).
- 2. Mezcla la ricotta con un poco de aceite de oliva, zumo de limón al gusto y pimienta negra (5 minutos).
- 3. Coloca el queso y las anchoas sobre el pan (5 minutos).
Sírvelo todo bien frío. Ya te avisamos que da igual cuántas unidades prepares. Nunca serán suficientes.
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Rosado y ensalada de sandía, feta y menta (10 minutos)
Se lleva bien con casi todo lo que esté relacionado con el verano. ¡Pero con el resto del año también! Da igual si es seco o más dulce. Cualquier rosado puede ser el gran protagonista de tus veladas postveraniegas. Marida bien con cualquier plato, algo que no se cumple en todos los vinos: frutas, verduras, carnes, mariscos, quesos, pescados… ¡Las posibilidades son infinitas! Pruébalo y arriesga con una ensalada de sandía, con queso feta y menta.
- 1. Corta la sandía en cubitos.
- 2. Añade el queso feta y un poco de menta fresca.
- 3. Aliña con aceite de oliva, sal y un toquecito de limón.
No se le puede caer bien a todo el mundo. Excepto que seas un rosado espectacular...

Vino dulce y ensalada de higos, queso de cabra y nueces con reducción de balsámico (20 minutos)
Siempre al filo de lo imposible, entre la empalagosidad y la acidez. Los vinos dulces son los grandes incomprendidos que siempre atraen por sus fuertes contrastes. Elegantes y versátiles, nada como maridarlos con platos igual de dulces, con las mismas características. Este tipo de combinación, conocida como maridaje por afinidad, es siempre la apuesta segura con la que no llevarse sorpresas inesperadas.
- 1. Prepara la reducción de balsámico. Toma un cazo pequeño y calienta tres cucharadas de vinagre balsámico con una cucharada de miel a fuego medio. Remueve hasta que la mezcla espese y se reduzca a la mitad. Deja enfriar un poco (10 minutos).
- 2. Prepara la ensalada. Añade los higos, desmenuza 100 g de queso de cabra y espolvorea las nueces.
- 3. Añade la reducción de balsámico y añade pimienta negra.
El dulzor natural de los higos mezclado con la acidez del vinagre potenciará al máximo el sabor del vino.

Vino generoso y mix de tapas (5 minutos)
Representan el culmen de la improvisación. Un poco paradójico teniendo en cuenta la cantidad de años que los vinos generosos pasan en crianza para luego ser consumidos con tan poca complejidad. Nada mejor que un buen mix de tapas para disfrutar de un fino, una manzanilla, un palo cortado o un buen oloroso. Aceitunas, almendras, jamón, queso… ¡La combinación la eliges tú!
Está claro que en verano todo sabe mejor. Así que coge una botella, descorcha y disfruta. Prepárate para crear recuerdos que vayan más allá de los días de calor.