Hay historias que se escriben con paciencia, a fuerza de años, trabajo y aprendizaje. Y hay otras que parecen estar inscritas en el ADN, donde la vocación aparece temprano y marca el destino.
La de Isacco Costamagna es una mezcla de ambas. En 2014, mientras sus compañeros de instituto pensaban en exámenes y fiestas, él decidió plantar vides en un terreno que le cedió su abuelo en La Morra. Entre raíces jóvenes y sueños grandes, comenzó un camino que todavía estaba lejos de llamarse “vino”.
De 2017 a 2020 vendió sus uvas a sus vecinos de Trediberri, mientras se sumergía en los estudios de enología en la Universidad de Torino. Una vez graduado, regresó al punto de partida, pero ya no solo como cultivador, sino como creador. Y lo hizo en un lugar con nombre propio: Torriglione, frente al mítico pago Rocche dell’Annunziata, dentro de la denominación Barolo.
Allí, los suelos arcillo-calcáreos, la altitud y la exposición privilegiada dan vida a vinos que respiran estructura y elegancia. De esa tierra nació Castrum Roche, un Langhe Nebbiolo elaborado íntegramente con las vides que Isacco plantó con sus propias manos. Vendimia manual, despalillado total, fermentación alcohólica espontánea con levaduras autóctonas, maceración de 10 días en depósitos de acero inoxidable y fermentación maloláctica natural. Después, 7 meses de crianza en acero, para finalmente embotellarse sin clarificación ni filtración.
El resultado es Castrum Roche Di Costamagna Langhe Nebbiolo, un vino de pureza cristalina, con frescura vibrante y taninos firmes, que combina juventud y complejidad, guardando la esencia del nebbiolo y el carácter único de su terroir.
Porque hay quienes hacen vino por oficio… Y hay quienes lo hacen por vocación. Esa diferencia se siente en cada sorbo.