Lluís Llach no es solo un icono de la música catalana y de la Nova Cançó —ese movimiento que reivindicaba la identidad cultural durante la dictadura franquista—, sino también un apasionado de la cultura del vino. Su vínculo con la tierra y la tradición lo llevó a adquirir la finca Vall-Llach, un proyecto que iba mucho más allá del negocio. Ni él ni su socio, Enric Costa, eran aficionados al comercio del vino, ni siquiera bebían. Su objetivo era mucho más ambicioso: impulsar una revolución social en Porrera, utilizando el vino como vehículo para generar riqueza local y revitalizar el pueblo.
Y vaya que lo consiguieron. En cuanto arrancó el proyecto en Vall-Llach, en pleno DOQ Priorat, lograron que una sola vendimia multiplicara por trece el precio de la uva respecto al año anterior. Pero eso no fue todo: rehabilitaron dos edificios históricos del municipio y contrataron a quince personas de Porrera, combinando tradición, cultura y desarrollo social en un proyecto único que aún hoy sigue siendo referente.
Desde 2013, Albert Costa, hijo de Enric Costa, dirige la bodega y supervisa la elaboración de los vinos, asegurando que se mantenga la calidad y la identidad del proyecto. Bajo su liderazgo, Celler Vall-Llach ha logrado aunar el respeto absoluto por el terruño con la excelencia enológico-artesanal. Cada vino busca expresar la mineralidad de los suelos de licorella y la personalidad de las viñas viejas, respetando los métodos tradicionales pero incorporando técnicas modernas de viticultura de precisión.
Un ejemplo claro de esta filosofía es Mas d'en Caçador Vi de Paratge, un vino elaborado a partir de viñas viejas de garnacha, orientadas al norte para recibir menos horas de sol, plantadas en laderas de gran altitud en el paraje de 2 hectáreas Mas d’en Caçador. Esta combinación de orientación y altura permite una maduración más lenta, una acidez equilibrada y unos matices complejos que se reflejan en cada sorbo. Se practica una viticultura orgánica y biodinámica y las viñas, que crecen en suelos de licorella, tienen entre 80 y 100 años.
La vendimia es completamente manual y las uvas son cuidadosamente seleccionadas, tanto en los viñedos como en la mesa de selección a la entrada de la bodega, para asegurar que solo las mejores lleguen a la fermentación. La garnacha fermenta de manera espontánea con levaduras naturales y la maduración se realiza en madera, consiguiendo un vino que combina tradición, precisión y la máxima expresión del terruño del Priorat.
Mas d'en Caçador Vi de Paratge es una deliciosa garnacha vieja de altura que habla de la tierra, de la historia y de quienes creen que el vino puede cambiar más que solo paladares.