El futbolista que soñaba con jugar en el estadio de su barrio y terminó levantando la copa del mundo, la niña que pintaba en las paredes de su casa y de mayor expuso en museos internacionales, el niño que construía cohetes de cartón y acabó trabajando en la NASA… De pequeños, todos tenemos sueños que parecen imposibles. Pero, con empeño, constancia y paciencia, algunos logran convertirlos en realidad.
Así fue la historia de Stefano Papetti. Ya de niño, sentía una fascinación irresistible por la viticultura. Mientras otros gastaban sus ahorros en cromos o juguetes, él invertía cada céntimo en nuevas botellas, en descubrir sabores y en explorar un universo que lo atrapaba. Su sueño era claro: algún día tendría sus propios viñedos y produciría vino de forma independiente. Ese sueño se hizo realidad en 2010.
Junto a su esposa, Eloisa de Fermo, Stefano decidió dar continuidad al legado vinícola familiar en Loreto Aprutino (Abruzzo), cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XVIII. Pero lo hicieron con un sello muy propio: un enfoque puro, sincero y profundamente respetuoso con la naturaleza, aplicando desde el inicio los principios de la agricultura biodinámica. Así nació la nueva etapa de la bodega De Fermo, un proyecto que refleja tanto tradición como una mirada contemporánea hacia el vino.
Entre sus vinos, destaca el De Fermo Concrete Rosato, una expresión delicada y vibrante del montepulciano. Elaborado exclusivamente con esta variedad, este rosado se cultiva en suelos de arcilla y caliza siguiendo estrictamente prácticas biodinámicas. La vendimia se realiza íntegramente a mano, en pequeñas cajas para preservar la integridad de la uva. Tras una breve maceración con los hollejos de apenas 1 a 2 horas, el mosto fermenta de manera espontánea, gracias únicamente a las levaduras autóctonas, en depósitos de hormigón sin control de temperatura. No hay clarificación ni filtración: aquí el vino se expresa sin artificios. Finalmente, el rosado reposa durante 7 meses en cemento, encontrando un equilibrio perfecto entre frescura, textura y autenticidad.
El resultado es De Fermo Concrete Rosato, un vino vivo, honesto, que traduce en cada sorbo la filosofía de Stefano y Eloisa, es decir, dejar que la naturaleza hable con su propia voz, sin interrupciones. Un sueño de la infancia convertido en botella, capaz de emocionar tanto como una final ganada, una obra colgada en un museo o un cohete que por fin despega hacia el cielo.