Puedes ser fan de Beyoncé, Bad Bunny o Shakira y conocer todos sus hits, pero si nunca has oído a Bach, Mozart o Beethoven, te estás perdiendo de dónde viene todo. Lo mismo pasa con el vino: conocer los blancos y tintos de hoy está muy bien, pero para entenderlos de verdad, hay que mirar a sus raíces. Y en Eslovenia, en el corazón del Collio Brda, esas raíces llevan siglos contándonos historia.
Nos encontramos en Kojsko, un lugar donde el vino no es solo bebida, sino cultura viva. Ya en 1787 se dio un primer paso hacia la clasificación de las uvas, y desde entonces estas colinas han sido testigo de generaciones que han trabajado la tierra con pasión. Los suelos, un mosaico de arcilla y caliza conocido como Ponca, aportan mineralidad, frescura y longevidad a cada botella, marcando la personalidad de los vinos de la región.
En este escenario nace la magia de los vinos de Marinic. Alis Marinic, con su profundo arraigo en la tierra eslovena y fundador de la histórica bodega familiar, aporta carácter, tensión y alma. A su lado, Charles de Noüe, nieto de Jeanne Leflaive y heredero de siglos de experiencia borgoñona, junto al enólogo Anthony Colas, imprime finura, precisión y elegancia a cada cosecha. El resultado es un diálogo perfecto entre tradición local y visión francesa.
Sotto la Chiesa Bigliana II Cru es un chardonnay que encarna esta filosofía. Procede de viñas de unos 30 años plantadas sobre ponca y es la cuvée más importante de la bodega, elaborada solo con los crus que aportan la mayor profundidad y complejidad, siguiendo la mentalidad de los Grand Cru de Borgoña. La fermentación es espontánea, y la crianza combina acero y pequeñas barricas de madera durante 24 meses, preservando frescura, carácter y autenticidad. Orgánico no certificado, pero profundamente respetuoso con la tierra.
Sápido, dinámico y elegante, cada sorbo de Sotto la Chiesa Bigliana II Cru es un recordatorio de que, como en la música, para entender el presente hay que conocer el pasado. Y en este caso, el pasado sabe a ponca y a Collio Brda.