Hay figuras que cambian el vino para siempre. Uno de ellos fue Jules Chauvet, pionero del vino natural, quien con sus cuadernos, paciencia y pasión, inspiró a generaciones enteras de jóvenes intrépidos. Gente que cree en un vino más libre, más real, más cercano. Personas como Andrew y Emma Nielsen, creadores de Le Grappin.
Le Grappin nació en 2011 con una idea clara: dar voz a los viñedos olvidados de Borgoña. Andrew venía de trabajar con algunos de los grandes del pinot noir y el chardonnay en California, Central Otago, el Valle del Yarra y, claro, Borgoña. Pero lo suyo no era seguir la corriente, sino buscar lo auténtico donde nadie miraba.
Pero eso no es todo, Un avez redescubre viñedos apartados de la Borgoña, amplia territorio con una línea más fresca y desenfadada, Du Grappin, elaborada con uvas del Beaujolais, el Mâconnais y el Ródano.
Un gran ejemplo es Du Grappin Saint-Amour, un gamay que nace en el lugar llamado La Grande Charrière, sobre suelos de granito aluvial, esquisto y arcilla. Un terroir que regala intensidad aromática y estructura y que los Nielsen saben mantener intacto gracias a su enfoque artesanal en la bodega.
Para la vinificación, se inspiran directamente en las notas de fermentación de Chauvet de 1972. Los racimos, cosechados a mano, se colocan enteros en el depósito, sin ser estrujados, bombeados ni bazuqueados. Durante tres semanas, el vino fermenta de forma natural en lo que Chauvet denominó fermentación aromática, un proceso que busca preservar al máximo la expresión de la fruta, la frescura y los matices más delicados.
Una vez terminada esta fase, se realiza un prensado suave. El vino termina su fermentación en tanque, y a continuación pasa por una crianza de 20 meses, permitiendo que el tiempo haga su trabajo sin intervenciones innecesarias. Todo el proceso se lleva a cabo con una filosofía de mínima intervención, evitando cualquier clarificación o filtración antes del embotellado.
El resultado es Du Grappin Saint-Amour, un vino puro, vibrante, con carácter y sin maquillaje. Un gamay que habla con claridad del lugar del que proviene, y del respeto con el que ha sido elaborado. Porque hay otra forma de hacer vino. Y ya no es el futuro… es el presente.