Desde la DOCG Chianti Rufina, la más pequeña de la denominación, llega Fattoria Selvapiana Chianti Rufina DOCG, el primer vino de la Fattoria Selvapiana.
Fattoria Selvapiana Chianti Rufina DOCG es el pilar fundamental que sustenta la producción de esta legendaria casa italiana. Nacida durante la Edad Media como torre de vigilancia y defensa de la ciudad de Florencia, este enclave fue el lugar de veraneo de los obispos y las familias nobles florentinas. Así fue hasta 1826, cuando fue adquirida por el banquero Michele Giunti, quien lo ha ido traspasando de generación en generación hasta la actualidad. Hoy en día, con 250 hectáreas, la propiedad (que se reparte entre los municipios de Rufina, Pelago y Pontassieve), se encuentra dirigida por Silvia y Federico Masseti (última estación de esta prole).
La historia que arrastra Fattoria Selvapiana es indiscutible. Sin embargo, si por algo es famosa esta bodega, es por ser los primeros en elaborar tintos únicamente con la sangiovese. La idea fue de Francesco Giunti, quien estuvo al frente del negocio entre 1957 y 1997, consiguiendo expresar con este vino todo el valor de esta zona del centro de Italia. En concreto los viñedos de Fattoria Selvapiana se extienden por las laderas de los Apeninos. En este lugar, justo en la colinas, se favorece un microclima con veranos frescos y una gran diferencia térmica entre el día y la noche. Esto provoca que las uvas maduren lentamente, consiguiendo un buen equilibrio y una acidez sabrosísima.
Tras la vendimia, que se realiza parte manual y parte con maquinaria, las uvas de Fattoria Selvapiana Chianti Rufina DOCG se llevan a la bodega y se encuban directamente en depósitos de acero inoxidable. La fermentación arrancará de forma espontánea, a partir de levaduras autóctonas. Pasado un tiempo, las levaduras pararán su trabajo y Fattoria Selvapiana Chianti Rufina DOCG -ya convertido en vino-, se mantendrá en contacto con las pieles durante unos 25 días (con sus correspondientes remontados). Por último Fattoria Selvapiana Chianti Rufina DOCG se trasiega a barricas de roble francés donde reposará durante unos diez meses (aproximadamente) hasta convertirse en uno de los mejores vinos que podemos recomendarte.