Los wine bars están de moda. Cada vez más bodegas apuestan por ellos, ofreciendo experiencias directas donde probar sus vinos y conocer al productor. Pero antes de que fuera tendencia, en Galicia ya existía algo muy parecido: el furancho, el “wine bar casero” donde los productores servían su vino propio acompañado de tapas sencillas, en un ambiente rústico y familiar.
Es precisamente desde esta tradición que surge Fazenda Agrícola Augalevada, el proyecto de Liliana Fernández e Iago Garrido. Lo que comenzó como un pequeño furancho, un espacio humilde para compartir el vino excedente con amigos y vecinos, se ha transformado con los años en una bodega de referencia, con personalidad propia y producción biodinámica.
La bodega se asienta en la histórica finca Augalevada, en Riobó (Galicia), un viñedo de 4 hectáreas que perteneció al Pazo de Riobó en el siglo XVIII y que conserva su nombre original. De esta finca nace Ollos de Maia, un tinto fresco y crujiente elaborado con caiño longo, brancellao y caiño da terra, cultivadas en suelos de “xabre” (granito deshecho) y siguiendo principios de agricultura biodinámica. La vendimia es completamente manual y, después, se despalilla el 70% de las uvas a mano y el resto se pisa suavemente. La fermentación es espontánea con levaduras autóctonas y la maceración dura entre 30 y 40 días. Tras ello, el vino envejece 10 meses en barricas francesas de 500 y 600 litros, manteniendo la frescura y el carácter, sin filtrado ni sulfitos añadidos.
Fazenda Agrícola Augalevada Ollos de Maia es la prueba de cómo un proyecto que empezó como un humilde furancho gallego puede transformarse en un vino de autor elegante y con identidad propia, conservando siempre la autenticidad y la cercanía que dieron origen a su historia.