San Vicente es conocido como el patrón de los viticultores. En principio, pese a lo que pueda parecer en un primer momento, en la vida de este santo poco se encuentra que lo relacione con el vino. Entonces ¿por qué el 22 de enero los viticultores celebran por todo lo alto el día de este mártir?
En principio, distintas teorías pretenden encontrar el punto de unión. Algunos dicen que fue torturado con herramientas y utensilios parecidos a los que se usan a diario en la viña; otros que el 22 de enero es ideal ya que esa fecha —entre los nuevos vinos y la poda del campo— la carga de trabajo en el campo es mínima, pudiendo los viticultores irse a celebrar y dejar un poco de lado sus obligaciones diarias. Sin embargo, parece que la teoría más acertada apunta a las reliquias de San Vicente, las cuales viajaron por Europa. Según cuenta la historia Childeberto I mandó construir una basílica dedicada a San Vicente, donde se guardaría su túnica. Esta abadía —al igual que otras tantas en Francia—, fue cuidada por monjes que se dedicaban al viñedo y que se encomendaban a San Vicente para proteger tanto las cepas como la producción.
Sea como sea, a estas alturas de la película, casi nadie se plantea esto y tanto los viticultores, como las personas ajenas a este mundo, se dedican única y exclusivamente durante ese día a beber y disfrutar. En el caso de la A.O.C. Chablis (al norte de Francia, en la Borgoña) esta fiesta se celebra muchísimo. De hecho incluso los vignerons aportan pequeñas partidas de uvas para elaborar el vino que se beberá en estos días, como Garnier et Fils Chablis.
Garnier et Fils Chablis es un blanco elaborado por el domaine Garnier et fils a partir de la chardonnay vendimiada en Maligny, Ligny et Villy. Cada uno de estos pueblos aportan su carácter al vino, mayoritariamente toques calcáreos y minerales propios del suelo kimmeridgiano (rico en arcillas, calizas y restos fósiles).
Garnier et Fils Chablis fermenta a partir de levaduras autóctonas y a temperatura controlada (22 °C) durante un promedio de 150 días. Tras la fermentación maloláctica, Garnier et Fils Chablis tendrá un período de crianza de 11 meses en depósitos de acero inoxidable. Allí estará en contacto con las lías, lo que lo redondeará con mayor volumen en boca y aportará aromas característicos de estas levaduras muertas. Tras la clarificación (con bentonita) y la filtración, se finaliza con el embotellado.
Como buen amante del vino, no hay que dejar pasar la oportunidad de celebrar San Vicente. La mejor opción para hacerlo: una botella de Garnier et Fils Chablis.