¿Puede un vino llevar en su interior el alma de dos mundos? Henri Bourgeois Clos Henri Estate Sauvignon es la respuesta a esa pregunta: un vino blanco nacido en los suelos de Marlborough, Nueva Zelanda, pero concebido con el alma, la filosofía y la precisión artesanal de Sancerre (Valle del Loira, Francia).
Detrás de este blanco vibrante se esconde una historia de exploración, herencia y amor por la tierra, iniciada por una familia que, tras generaciones de cultivar las laderas del Loira, decidió cruzar hemisferios para reencontrarse con el terroir en su estado más salvaje.
Desde hace más de 10 generaciones, la familia Bourgeois ha convertido su apellido en sinónimo de excelencia en Sancerre. Todo comenzó con Henri, que apostó por unas colinas entonces poco reconocidas en Chavignol. Su intuición y su fe en el viñedo marcaron el inicio de una aventura vinícola. Con esa misma pasión, la familia estableció Clos Henri Estate, su finca en Marlborough, Nueva Zelanda, trasladando su meticulosa viticultura y su filosofía de respeto por el entorno a un nuevo paisaje, donde las piedras glaciares y las arcillas de Wither y Broadbridge encontraron un interlocutor a la altura.
El resultado es este sauvignon blanc orgánico, expresión pura del viñedo y del savoir-faire francés. Procedente de cepas de entre 10 y 18 años plantadas en alta densidad, el vino refleja el carácter mineral y vibrante del suelo. Cultivado con prácticas ecológicas y bajo agricultura de secano, las raíces se hunden profundamente obteniendo la expresión más pura del terruño, y el fruto se concentra. Tras una suave prensa y fermentación en acero inoxidable, el vino reposa sobre sus lías finas durante tres meses, desarrollando una textura compleja y un equilibrio natural.
Fresco, delicadamente afrutado, con notas de fruta blanca y cítrica, un toque herbáceo y una mineralidad electrizante,Henri Bourgeois Clos Henri Estate Sauvignon es precisión, frescura y profundidad.
Perfecto para compartir al atardecer, con platos de cocina asiática, quesos de cabra, pescados blancos o simplemente en buena compañía, este vino invita a experimentar la conexión entre hemisferios. Cada copa rinde homenaje a la biodiversidad del valle de Marlborough, a las raíces francesas de la familia y a la belleza de la viticultura consciente. Es una historia de amor entre la tierra, el vino y quienes lo cuidan.