La vid y el vino siempre han estado en el centro de la vida de los habitantes del Etna. Esta relación, basada siempre en la tradición y el saber hacer de los campesinos de la Muntagna (nombre con el que los lugareños conocen respetuosamente al volcán) se remonta a 3.000 años. Con sus respectivos altibajos —como la crisis de la filoxera o la emigración de los campesinos—, esta relación se ha mantenido hasta las puertas del siglo XX, y continua hoy en día, trabajando arduamente por mantener viva el estilo de esta zona vinícola.
Fiel testigo de esta historia y del saber hacer la bodega I Custodi delle Vigne dell'Etna —dirigida actualmente por Mario Paoluzi— elabora I Custodi delle Vigne dell'Etna Pistus, un tinto con nerello mascalese y nerello cappuccio, que intenta emular los vinos que los campesinos sicilianos de la zona elaboraban antiguamente. De esta forma, bajo la D.O.C. Etna Rosso, este proyecto consigue alzarse como el perpetuador de una tradición y una forma de trabajar, transmitida de generación en generación, que se ha visto en peligro.
Gran parte de responsabilidad la tiene también el enólogo Salvo Foti, quien desde hace 20 años intenta recuperar el prestigio que esta zona ha gozado siempre (en el siglo XIX estos vinos eran lo más importante de Sicilia y se exportaban a todo el mundo). Para ello Foti se ha valido de la Maestranza dei Vigneri, una asociación de enólogos, fundada en 1435, que tenía como fin enseñar a las nuevas generaciones a cultivar viñedos y elaborar vinos.
En este sentido hay que tener en cuenta que la manera de trabajar en esta zona, donde en ocasiones los viñedos se encuentran a 1.000 metros de altitud, es muy específica y determinada, basándose principalmente en la enseñanza de generación en generación. A las altas plantaciones se le suma la dificultad de viñedos que deben crecer y adaptarse a los suelos minerales y volcánicos en un paisaje totalmente cambiante, sometido a las diversas erupciones y coladas de lava que cambian la superficie. Como es de esperar en este clima —con temperaturas extremas tanto para el frío como para el calor—, las cepas plantadas en terrazas tienen que realizar un esfuerzo extra, ofreciendo frutos muy escasos. Sin embargo, tal y como dice el proverbio chino, “la flor que florece en la adversidad es la más rara y hermosa de todas”; y algo muy similar es lo que ocurre con los racimos de estas cepas que, a pesar de ser escasos, muestran una calidad excepcional.
En el caso de I Custodi delle Vigne dell’Etna Pistus, las uvas crecen en el viñedo Contrada Moganazzi, en Castiglione di Sicilia, en el lado norte del Etna, a 700 metros de altitud. En concreto se trata de cepas viejas (de unos 10 años), plantada sobre suelo arenoso-volcánico muy rico en minerales. Trabajado en alberello (el sistema tradicional de la zona con forma de pequeño árbol), estas 7,5 hectáreas no permiten el trabajo mecanizado, por lo que todas las labores se efectúan de forma manual y minuciosa (especialmente la vendimia). Los racimos de I Custodi delle Vigne dell’Etna Pistus se llevan a bodega y se despalillan y estrujan para ser puestos a macerar durante una semana. Pasado este tiempo se trasiega a depósitos de acero inoxidable, donde se realiza la fermentación. Una vez acabada, I Custodi delle Vigne dell’Etna Pistus tendrá una crianza de 15 meses en depósitos de hormigón y otros 3 meses en botella, convirtiéndose en el mejor homenaje posible a toda una historia de tradiciones.