Cuando pensamos en vinos espumosos de calidad, lo habitual es mirar a Champagne. Pero Karanika, la bodega situada en Amyntaio, Macedonia del Norte, demuestra que las grandes burbujas también pueden nacer en Grecia, con identidad propia y uvas que hablan del lugar donde crecen.
El proyecto comenzó con Laurens M. Hartman-Karanika y Annette van Kampen, un dúo holandés-griego apasionado por los vinos naturales. Su sueño era crear espumosos de clase mundial, elaborados con métodos tradicionales, pero con uvas autóctonas y respetando la naturaleza. Para lograrlo, viajaron por medio mundo, explorando terruños desde Australia hasta Alemania, buscando el lugar perfecto donde plantar sus raíces y dar forma a su visión.
El corazón del proyecto latió con fuerza cuando descubrieron la xinomavro, una variedad griega todavía poco conocida fuera de su país, con un potencial extraordinario para los espumosos. Fue entonces cuando Amyntaio apareció como el escenario ideal: un clima fresco, suelos calcáreos y una altitud que permite un pH bajo y un grado alcohólico moderado, condiciones óptimas para vinos delicados, vibrantes y llenos de frescura.
De este terruño excepcional surge Karanika Cuvée Rosé Brut, elaborada con xinomavro sin injerto y una pequeñísima proporción de limniona, que aporta delicados matices y complejidad. Los racimos se prensan enteros en prensa de membrana, las fermentaciones se realizan a temperatura controlada y el vino se elabora con bajo contenido de azufre y sin aditivos químicos. Tras la primera fermentación, la segunda se realiza en botella, donde descansa sobre sus lías entre 9 y 18 meses, antes de ser comercializado 3 meses después del degüelle.
Karanika Cuvée Rosé Brut es, sobre todo, la expresión de un terroir único, de una uva emblemática y de la visión de quienes se atrevieron a soñar más allá de Champagne. Un rosado de carácter, con frescura vibrante y la elegancia de un espumoso griego, que demuestra que la excelencia no conoce fronteras.