En 2001 Oronce de Beler comenzó a trabajar en La Revue du Vin, una de las mejores revistas de vinos francesa. Y parece que este mundo le cautivó; por eso, en el 2004, decidió comenzar a estudiar viticultura y enología en el Lycée Viticole. Un año más tarde conoció a David Juilliard -estudiante de viticultura de Beaune-, y juntos comenzaron su aventura. En primer lugar decidió mudarse desde París a Vosne-Romanée (en el este de Francia, a 30 minutos de Dijon). Allí se instalaron en una casa del siglo XVI, con una pequeña bodega excavada en la roca y compraron uvas a Jeremy Seysses, propietario de Domaine Dujac. De esta manera en 2005 nacía la primera elaboración de La Maison Romane.Unos años más tarde, en 2017, La Maison Romane se trasladó hasta Nuits-Saint-Georges, en la Côte d’Ors borgoñesa (también en la zona este-central de Francia), donde se ha convertido en uno de los domaines referentes de la A.O.C. Fixin. Una imagen vale más que mil palabras; en este caso, un sorbo. Y el tinto La Maison Romane Fixin Les Clos es la mejor forma de comprobarlo.
A día de hoy, De Beler sigue sin poseer viñedos propios. Ni falta que le hace, ya que para Oronce de Beler la vinicultura y el saber hacer son igual de importantes que la viticultura y el campo. ¡Eso sí! El requisito fundamental para que esta premisa sea verdad se basa en uvas de gran calidad, cultivadas de forma tradicional por vignerons de la zona y bajo los preceptos de la agricultura ecológica y biodinámica (arado con caballos percherones incluidos). De esta forma es totalmente lógico que la vendimia sea manual, con un exhaustivo proceso de selección de la pinot noir, tanto en el campo, como a la entrada en bodega.
Igualmente, en La Maison Romane, la fermentación se trata de un proceso muy especial, a partir de los racimos enteros. En todos sus vinos la fermentación se realiza con levaduras autóctonas. Al principio, en los primeros momentos, sólo se realizan remontados suaves (para evitar romper los hollejos y la baya), pero a medida que ya las levaduras han realizado todo su trabajo se pasa a bazuqueos más fuertes, con los que se pretenden liberar todo el azúcar que queda, alargando el trabajo de estos microorganismos. En cuanto al resto de trabajos se realiza por gravedad, embotellando La Maison Romane Fixin Les Clos sin sulfitos. Por último la crianza durará entre 15 y 19 meses en barricas de roble francés de Tronçais. “Al principio, trituramos nuestro cerebro para hacer el mejor vino del mundo. Pero no estamos aquí para eso: el gran vino es el que entra en nuestras vidas para hacernos vivir un momento extraordinario”.