En Cantina Orsogna, una bodega ubicada en el municipio italiano del mismo nombre (en la provincia de Abruzzo), llevan a cabo diversos tipos de proyectos ecológicos. Uno de ellos es la recuperación de las variedades tintas de la zona, como la primitivo. Gracias a este proyecto, en el que trabajan junto al Ayuntamiento de Gessopalena, se elaboran vinos como Cantina Orsogna Lunaria Ruminat Primitivo. Desde sus inicios la Cantina Orsogna cuenta con la certificación biodinámica y ecológica. Su enfoque, basado siempre en la sostenibilidad, busca el equilibrio perfecto. Cantina Orsogna Lunaria Ruminat Primitivo es un vino biológico, vegano y biodinámico, fermentado espontáneamente y estabilizado de forma natural.
La historia de Cantina Orsogna comienza en 2005 cuando un grupo de viticultores, dedicados a la agricultura orgánica, decidieron unirse para dar un paso más y avanzar hacia la biodinámica. “Las generaciones futuras sólo podrán pisar nuestros viñedos si las decisiones que tomamos hoy son ¡responsables!”.
A día de hoy Cantina Orsogna se ha consolidado como la comunidad biodinámica certificada más grande del mundo. Los viñedos de este proyecto se encuentran en las laderas del Parque Nacional de Majella, a 15 km del mar Adriático (en la costa de Trabocchi). Este macizo protege a la región de los fríos climas invernales, creando un microclima entre las brisas marítimas y los Apeninos. Estas bajas temperaturas se mantienen también en verano, donde la amplitud térmica entre el día y la noche se amplía (favoreciendo la maduración de la uva). En este terreno montañoso los viñedos de la Edad Media, ubicados a 450 metros de altura, se cultivan sobre suelos calcáreos-arcillosos donde se busca siempre la formación de materia orgánica. Para ello, se guían por los principios biodinámicos, donde se eliminan los químicos, se siguen los ciclos lunares y se respeta la biodiversidad.
En bodega, Cantina Orsogna Lunaria Ruminat Primitivo se selecciona, se despalilla y se moltura. Una vez obtenida la pasta de vendimia, los hollejos permanecen en contacto con el mosto, durante unos 20 días a una temperatura constante. Aquí, inevitablemente, comienza la fermentación alcohólica de forma espontánea y a partir de las levaduras autóctonas que se encuentran en las bayas. Todo esto ocurrirá en depósitos de acero inoxidable, al que le seguirá una crianza en cemento que se prolongará en botella.
Ni que decir cabe que en todo este proceso no se añade anhídrido sulfuroso en ningún momento, consiguiendo con ello la expresión más pura de estos viñedos italianos.