En áreas montañosas o remotas, la topografía accidentada puede dificultar la instalación y el mantenimiento de las infraestructuras eléctricas. Es por este motivo que algunas comunidades locales tardaron en tener acceso a la electricidad. En el caso de Serralunga d´Alba, un peculiar pueblo medieval en pleno corazón de la producción de Barolo, en el Piamonte (Italia), no pudieron disfrutar de energía eléctrica hasta la llegada de Giovanni Massolino, un hombre tenaz, creativo y emprendedor que bajo la premisa “tra le viti, le colline e i vignaioli” ("Entre las vides, las colinas y los viticultores") funda su finca en 1896 y revoluciona el pueblo con intención de preservar la identidad y el carácter de las tradicionales uvas piamontesas. Hoy, cuatro generaciones después, esta consigna se mantiene y, siendo integrantes del Consorcio para la Defensa del Barolo y Barbaresco, ofrecen verdaderas joyas reconocidas a nivel internacional.
Su Massolino Barbaresco se trata de un Barbaresco elaborado con la variedad típica de la zona, la nebbiolo, procedente de una mezcla de las tres parcelas que se cultivan en la localidad de Neive (en el Piamonte) y cuyos suelos son principalmente calcáreos, margosos y arcillosos. Se practica una agricultura respetuosa y, tal y como dices los actuales responsables de la bodega, los enólogos Franco y Roberto, "¡Cuidamos nuestros viñedos como jardines, porque las uvas son nuestras rosas!". En bodega, las uvas vinifican en grandes fermentadores de roble y permanecen alrededor de tres semanas en pieles. Después, el vino pasa a críar durante 18 meses en grandes barricas de roble de Eslavonia.
Siendo Massolino un apellido que está profundamente relacionado con el pueblo de Serralunga d’Alba, Massolino Barbaresco es un claro ejemplo de tan fructífera unión. Un vino de una de las casas más conocidas del lugar en la que la innovación siempre está en pro de la tradición.