¿Puede un vino alinearse con la energía del universo?
En el Valle de Colchagua (Chile), entre viñedos que abrazan la ladera de la Cordillera de la Costa, nace un vino excepcional donde la sabiduría ancestral del feng-shui, los cantos gregorianos y la gravedad se combinan en un ritual de armonía y excelencia. Montes Alpha M, además de ser un gran tinto, es una declaración de principios: respeto absoluto por la energía, la naturaleza y la calidad.
La bodega Montes no solo marcó un antes y un después en la viticultura chilena, sino que elevó la elaboración de vinos a una experiencia que va más allá de la vinificación. Desde su inauguración en 2004, esta bodega ha sido pionera en integrar la filosofía oriental del feng-shui en cada rincón de su arquitectura, asegurando el flujo de energía positiva que conecta a quienes trabajan allí, los vinos y el universo. El agua, la madera, el sol, la luna y el metal no son solo símbolos: son principios vivos que rigen el alma del proyecto. En su sala de barricas, los cantos gregorianos resuenan a diario para acompañar el envejecimiento de sus vinos en un ambiente de serenidad total.
Montes Alpha M es la joya más preciada de esta filosofía. Un ensamblaje de cabernet sauvignon con aportes precisos de cabernet franc, merlot y petit verdot, nacido en suelos de origen granítico, entre laderas de hasta 30 grados de inclinación. Cosechado manualmente y vinificado con el máximo respeto por la fruta, este vino se deja llevar por la fuerza de la gravedad, la frescura de la madrugada y la precisión casi quirúrgica de un equipo que escucha a la viña antes de intervenir. Tras una crianza de 18 meses en barricas francesas, cada botella reúne potencia, elegancia y una capacidad de guarda extraordinaria.
Degustar Montes Alpha M es entregarse a una experiencia sensorial de alto voltaje emocional. Su estructura envolvente, sus taninos sedosos y su expresión compleja de fruta negra, especias, tierra húmeda y tabaco invitan a maridarlo con carnes rojas, cordero o platos de caza en celebraciones memorables. Es un vino que exige tiempo, atención y el deseo de conectar con algo más grande. Porque en cada sorbo, late el equilibrio perfecto entre la tierra, el hombre… y la energía que los une.