En Ribeiro, la Edad Media fue la edad de oro del vino. Documentos de la época revelan que este territorio exportaba sus vinos hasta Inglaterra. Tanto es así, que en la boda de Carlos I con Isabel de Portugal, celebrada en Sevilla, se brindó con vino de Ribeiro, no con un blanco genérico gallego, sino con el vino que hoy sigue marcando la identidad de esta tierra.
En medio de este paisaje vitícola se encuentra Meín, una de las primeras aldeas documentadas en Ribeiro. Ya en 1158 se mencionaba como un lugar privilegiado para la producción de uva. Hoy, una gran piedra granítica adosada a la casa de la bodega recuerda ese pasado, símbolo de una tradición que perdura. Fundada en 1988, la bodega, su casa y los bancales de la Finca Meín forman un conjunto único donde la historia y la viticultura se funden en armonía.
Su vino, Viña Meín es un mosaico de cepas y paisajes que pueblan los bancales que dominan las laderas. Elaborado con treixadura, torrontés, albariño, godello, loureira, caíño blanco y lado, el viñedo se trabaja cómo se hacía en el siglo XII.
El suelo es de sábrego, granito descompuesto que aporta mineralidad y carácter a los vinos. El clima, atlántico con fuerte componente de interior, acaba de hacer la magia. La vendimia, realizada en cajas de 12 kilos, combina varias pasadas para recoger cada variedad y parcela por separado.
Para la vinificación, cada parcela y variedad fermenta separada, ya sea en acero inoxidable, hormigón, gres o roble, para capturar la máxima expresión del terruño. El envejecimiento ocurre sobre lías durante 12 meses, y después, el vino reposa un lustro (5 años) en botella antes de llegar al mercado, alcanzando una complejidad y profundidad que reflejan siglos de historia y dedicación.
O Gran Mein I Lustro es un vino que ha reposado cinco años en botella para capturar la esencia del tiempo y la memoria de su tierra. Un homenaje a sus raíces medievales y al Ribeiro histórico más prestigioso.