La conocían como la pinot noir del Mediterráneo. En el siglo XX era una de las variedades más extendidas de toda Cataluña, imponiéndose sobre otros clones tanto antes como después de la filoxera. Pero a finales del siglo, tan sólo sobrevivieron 250 hectáreas, quedando relegada a otras variedades foráneas, con mayor rendimiento y menos complejidad a la hora de la vinificación. Ahora, la sumol se recupera por los vinificadores, como Oriol Artigas.
Desde la D.O. Alella, al norte de Barcelona, este joven viticultor elabora vinos donde el alma de su tierra quedan plasmados. En la maresma, encuadrado entre la costa del Mediterráneo y las comarcas del Barcelonés y La Selva, Oriol Artigas alterna su trabajo como profesor con el cultivo de 12 hectáreas de viñedos antiguos (entre 15 y 28 años), sobre suelo de arena granítica. En él se recuperan y crecen variedades típicas de la zona, —algunas ya casi extintas—, como la merlot, garnatxa negra, syrah, mataró (monastrel) y sumol. Bajo un clima mediterráneo, con cuidados orgánicos —y con la mínima intervención posible—, desde aquí se alumbra el tinto Oriol Artigas El Rall.
La vendimia se realiza a mano, entre los 160-350 metros de altitud. A su llegada a la bodega, los racimos son despalillados y se someten a una maceración de 4 días, donde estará en contacto con los hollejos. De ahí pasa directamente a la prensa, donde se obtendrá el mosto que será fermentado por las levaduras autóctonas. El broche final de Oriol Artigas El Rall será la crianza, que se dividirá en dos partidas: la mayor parte de ella (un 80%) permanecerá durante 7 meses en depósitos de acero inoxidable; el resto (un 20%), descansará 6 meses en barrica de roble usadas. Tras el ensamblaje final, Oriol Artigas El Rall no será clarificado, ni estabilizado, ni filtrado.
La D.O. Alella en su estado más puro.