Si existe alguien capaz de romper los esquemas, ese es Raúl Moreno. Lleva años haciéndolo. Su espíritu inconformista no le deja ser de otra manera. Y ahora de nuevo vuelve a hacerlo con Raúl Moreno Destellos, un blanco fascinante capaz de ponerlo todo del revés.
Tras estar formándose por el mundo, Raúl regresa a España, concretamente a Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda, donde en el año 2021 se atreve a plantar arinto, una variedad blanca de Portugal famosa por su gran acidez. ¿Y por qué no? Su intención era obtener uvas suficientes que se pudieran ensamblar con la palomino (variedad autóctona del sur de España) para mantener y equilibrar la acidez de sus elaboraciones cuando fuera necesario. Lo que nadie imaginaba es que este tándem de variedades, cultivadas de forma ecológica sobre los suelos de albariza (ricos en carbonato cálcico) en los pagos de Miraflores y Balbaína, se iba a convertir en uno de los coupages más deliciosos y sorprendentes que se hayan visto por el Marco jerezano.
En Raúl Moreno todo es digno de admiración, incluso sus procesos de elaboración. En el caso de Raúl Moreno Destellos la uva se vendimia y se estruja a pie, dejando el mosto en contacto con los hollejos durante unas ocho horas. Esta pasta de vendimia pasará a la prensa vertical donde el racimo entero será acabado de prensar, consiguiendo un mosto turbio, sin desfangar, que pasará a fermentar directamente en botas antiguas de amontillado y manzanilla. Esto quiere decir que Raúl Moreno Destellos será dejado a merced de las levaduras autóctonas sin esperar a que los elementos y sustancias que están en suspensión caigan al fondo del depósito. Una vez acabada la fermentación, Raúl Moreno Destellos tendrá una crianza reductiva en estas mismas botas donde se intentará que el contacto con el oxígeno sea mínimo. Para ello cada una de las botas se rellenará una vez a la semana.
Dice que el futuro siempre fue de los valientes. Y con Raúl Moreno Destellos ha quedado claro que el Marco de Jerez tiene aún mucha historia por delante. ¡Gracias, Raúl!