¿Qué pasa cuando un rosado decide no serlo?
A veces, los grandes hallazgos nacen de pequeñas sorpresas. Rennersistas Superglitzer comenzó su vida con vocación de rosado, pero acabó transformándose en algo más oscuro, más atrevido, más... ¡súper! En lugar de corregir el rumbo, los Rennersistas decidieron embotellar la anécdota y convertir el "fallo" en una virtud jugosa y vibrante. El resultado es un tinto ligero que descoloca, divierte y enamora.
En Gols, Austria, la familia Renner cultiva viñas desde hace generaciones, con una filosofía que combina el respeto por el entorno con una mirada inquieta y contemporánea. Los hermanos Stefanie y Georg lideran hoy la bodega con una sensibilidad que aúna tradición, minimalismo en la intervención y una conexión muy viva con la naturaleza. Aquí no se trata solo de hacer vino, sino de crear historias embotelladas que hablen de suelo, de clima, de intuición y de alegría compartida.
Rennersistas Superglitzer es un vino tinto natural que desafía etiquetas. Se elabora con una mezcla de las variedades zweigelt, blaufränkisch, St. Laurent y un toque de rösler. Cada variedad se vinifica con distintos tiempos de contacto con pieles y racimos enteros, dando lugar a un vino de capa baja, de acidez amable y taninos casi invisibles. Tras una crianza sobre lías en fudres de 3.000 litros, el vino se embotella sin filtrar, con apenas 17 mg/l de sulfuroso total, y conserva intacta toda su frescura. Es biodinámico, certificado por Demeter, y elaborado a partir de viñedos que respiran biodiversidad y vida.
Servido ligeramente fresco, Rennersistas Superglitzer es un vino de sed (vin de soif) para quienes buscan vinos sin corsé: frescos, ligeros, jugosos, con fruta a raudales y una textura que acaricia. En la frontera entre un rosado concentrado o un tinto ligero, es el vino perfecto para compartir con amigos en tardes despreocupadas, picoteos improvisados o simplemente cuando necesitas una bebida que sepa reír contigo. Este no es un vino para meditar en silencio: es para brindar, conversar y dejarse llevar. Y sí, tiene ese algo especial que lo convierte, como su nombre sugiere, en una pequeña supernova en la copa.