La Ribera del Duero es una Denominación de Origen relativamente joven donde han convivido dos realidades contrapuestas. Por un lado, la región atrajo proyectos ambiciosos, levantados por inversores ajenos al campo que terminaron sucumbiendo al desconocimiento de la tierra. Pero, por otro lado, también hemos sido testigos de la resistencia de los viticultores de toda la vida, hombres y mujeres que decidieron dejar de entregar sus mejores uvas a las cooperativas para empezar a embotellar su propio paisaje. La familia Aragón encarna esa valentía. Cuando las modas empujaban a arrancar los majuelos antiguos, Amalio Aragón y sus hijos prefirieron apostar por las cepas de sus antepasados para fundar Cillar de Silos en 1994.
Desde Quintana del Pidio, en pleno corazón de la DO Ribera del Duero, Torresilo procede de más de una docena de pequeñas parcelas seleccionadas que suman un mosaico de viñedos viejos situados a 850 metros de altitud. Las cepas de tinta del país, la variedad autóctona de la zona, tienen edades comprendidas entre los 40 y los 100 años, hundiéndose en suelos predominantemente arenosos con presencia de arcilla y limo. La altitud y el clima continental extremo, marcado por inviernos muy duros, veranos calurosos y una pluviometría moderada de entre 400 y 600 mm anuales, generan una gran diferencia térmica entre el día y la noche que resulta crucial para conservar una acidez viva y una gama aromática refinada. Los rendimientos son muy bajos, de apenas 2.700 kilogramos por hectárea, y en el campo se practica una viticultura tradicional con vendimia manual donde los racimos se escogen uno a uno.
La elaboración de Torresilo responde a un trabajo meticuloso y respetuoso en bodega para dejar que la fruta hable por sí misma. Tras la recolección manual y la selección de la uva, los frutos se despalillan, separando los granos de la parte verde del racimo para evitar sabores amargos. A continuación, el mosto realiza la fermentación alcohólica en depósitos a temperatura controlada. Posteriormente, el vino realiza la fermentación maloláctica antes de pasar a su fase de crianza, donde reposa durante un periodo de entre 15 y 18 meses en barricas de roble francés.
Torresilo es un tinto complejo, profundo y profundamente aromático que toma su nombre de la antigua torre medieval donde se custodiaban las reservas del pueblo. Un vino noble y tenso con identidad viva.