Actualmente, el Etna es una de las regiones vitivinícolas con mayor prestigio y más valoradas del mundo. En concreto esta zona, donde reina el volcán del este de Sicilia, está dando vinos de gran potencial elaborados y paridos por visionarios que pretenden recuperar la tradición de cultivar en las zonas altas de este volcán.
A finales del siglo XIX el Etna era una de las zonas italianas con mayor producción de vino. Los viñedos se encontraban situados a los pies del volcán, en las zonas más planas de menor altitud. Pero con la llegada de la filoxera todo cambió. Empujados por las circunstancias -que destruía la cepa desde la raíz-, los viticultores tuvieron que trasladar sus viñedos a las zonas más altas, donde el suelo volcánico y la arena frenaban la expansión del insecto. Es cierto que esto suponía el doble de esfuerzo y el doble de trabajo, sin embargo -afortunadamente-, el resultado era mucho más grato, ya que se descubrieron vinos intensos, de gran calidad e intensa mineralidad. De nuevo la cosa volvería a cambiar a mediados del siglo XX con la llegada de los pies americanos. Con el remedio de la filoxera en las manos, ya no era necesario cultivar viñas en las zonas más altas, por lo que la producción regresó a los pies del volcán. La calidad que antes se había descubierto y se exigía, cayó en picado, quedando Sicilia a la cola de los vinos italianos.
Ahora, sin excusas, de nuevo se buscan las alturas y el calor del volcán, como están haciendo desde hace más de 10 años en Vino di Anna. En concreto, Vino Di Anna se trata de una bodega familiar localizada en el lado norte del Etna. Actualmente este proyecto, totalmente y natural, se encuentra dirigido por Anna Martens y Eric Narioo, que llevan más de una década en la zona elaborando vinos de forma biodinámica, con la mínima intervención. En cierta manera este tipo de cultivo es posible gracias al clima seco que se da en la zona, muchas veces influenciado por vientos de África, donde en ocasiones no es ni siquiera necesario fumigar las vides para evitar las enfermedades fúngicas.
Vino di Anna cultivan siete hectáreas, la mayoría con viñas viejas (entre 60 y 100 años), plantadas a una altitud entre los 650 metros y los 1.200 metros. De esta zona surge Vino di Anna Palmento Rosso, un vino elaborado en un Palmento (edificio tradicional de la zona, excavado en la tierra, parecido a una bodega). Allí el viaje de Vino di Anna Palmento Rosso 2018, comienza con tres partidas o cuvées distintas. Por un lado, una maceración prefermentativa de 5 días, donde las pieles (que siempre tienen que estar húmedas), fueron empujadas con las manos y los pies; por otro, una maceración de 100 días en un qvevri georgiano (ánforas gigantes de barro cocido); por último un vino fermentado y envejecido en una barrica de roble usado. El coupage de estas tres elaboraciones - fermentado de manera autóctona y criado sobre lías durante un año- será el producto final de Vino di Anna Palmento Rosso. El embotellado final, sin filtración ni clarificación, será el toque final que permitirá disfrutar de este vino y de esta tierra italiana.