A orillas del arroyo Vinaspre, muy cerca del municipio riojano de Lanciego, se encuentra una parcela muy especial plantada de tempranillo, sobre suelos arcilloso-calcáreos. Sus propietarios, Julio y su mujer, siempre la cultivaron con un único deseo: elaborar su propio vino; sin embargo, vendimia tras vendimia, y por diversas circunstancias, las uvas siempre terminaban vendiéndose a la cooperativa. El tiempo pasó, pero el sueño no se diluyó, y antes de que el matrimonio falleciera, su nieta pudo conocer aquel deseo.
Hoy, más que un vino, Viuda Negra Arca de Asa es toda una promesa que se sigue cumpliendo gracias al esfuerzo de Javier San Pedro y de la nieta de aquel matrimonio, que actualmente es su mujer. La combinación no podría haber sido mejor ya que, desde que era pequeño, Javier San Pedro Ortega también vive el vino de una forma muy peculiar. Con los conocimientos de su abuelo (de quien aprendió todo) y una nueva visión (mucho más moderna y actual) este joven representa la quinta generación de una familia que hunde sus raíces en Laguardia, un pueblo de la D.O.Ca. Rioja. No obstante, esta nueva etapa en la saga va más allá de las fronteras de este pueblo y, aunque todo sigue quedando entre familia, se aventura en otros lugares que lo obligan a trabajar fuera de su zona de confort.
Para Javier San Pedro Ortega y su familia Viuda Negra Arca de Asa es un vino de finca muy especial que toma su nombre de un antiguo depósito (conocido en la zona como Arca) que recogía las aguas del río Assa (Asa en Euskera). Este mar de viñedos, donde predomina la variedad tempranillo, se extiende al noroeste del río Ebro donde predominan los suelos arcilloso-calcáreos que son la base ideal para las cepas que maduran al amparo de la Sierra de Cantabria. La ubicación de este sistema montañoso es crucial ya que protege al viñedo del frío y la humedad del Cantábrico, potenciando el tiempo seco y soleado propio del clima atlántico. La vendimia de Viuda Negra Arca de Asa se realiza de forma manual en pequeñas cajas y se vinifica en depósitos de acero inoxidable y barricas de roble francés, donde reposará menos de un año.
Entre unos abuelos y otros nace Viuda Negra Arca de Asa, un tinto que nos recuerda no sólo de dónde venimos, sino lo lejos que hemos llegado gracias al trabajo de nuestros mayores.