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Descubriendo a Benjamín Romeo, fundador y enólogo de Bodega Contador

07/09/2022 Entrevistas

No cualquiera puede presumir de obtener 100 puntos Parker (la más alta puntuación del estadounidense Robert Parker). Y mucho menos en dos añadas seguidas. Sin embargo, Benjamín Romeo no se jacta de ello. Y es que, aunque sus vinos Contador 2004 y Contador 2005 lo han convertido en productor icónico de su pueblo natal, San Vicente de la Sonsierra, en La Rioja Alta, lo cierto es que, si para algo le han servido tales reconocimientos, a nivel nacional e internacional, es para reivindicar sus orígenes. Vinos poderosos, creativos y singulares que reflejan un profundo amor por su tierra y que lo sitúan como un elaborador de estilo tradicional, pero al mismo tiempo cargado de originalidad. Suerte la nuestra de que nos haya podido dedicar este espacio…



- Perteneces a una larga estirpe de viticultores, ¿quién ha sido tu principal mentor a la hora de elaborar tus vinos? ¿Qué recuerdos te llevas de él?
El amor por la viña me viene tanto por parte materna como paterna, pero si hay alguien que me ha marcado, ese ha sido mi padre. Un hombre bueno, inteligente y valiente que en la posguerra, cuando en la viña no se ganaba nada, apostó por seguir haciendo lo que le gustaba y por comprar las tierras colindantes de vecinos que marchaban a la ciudad. Un hombre de origen humilde que me enseñó a amar la vid y que siempre me decía que, si sabía aprovechar conocimientos y recursos, estaba en mis manos llegar lejos.

- Estudiaste en la Escuela de la Vid de Madrid. Desde entonces hasta ahora, ¿crees que ha cambiado mucho el mundo del vino? ¿Para bien o para mal?
En general ha cambiado para bien. Lo cierto es que cuando entré a estudiar tuve suerte porque coincidí con el cambio de escuela a universidad. El centro y, sobre todo, los profesores eran magistrales. Teníamos a nuestra disposición todas las variedades de uva española y alguna francesa en la Casa de Campo; teníamos bodega, laboratorio, alcoholera e incluso vinagrería. Todos los recursos necesarios para aprender bien de principio a fin. Es, a partir de este momento, que empiezan a salir las primeras promociones de enólogos preparados. Profesionales con conocimiento que, con ayuda de una buena técnica, han consolidado las bases de lo que hoy supone el vino de calidad en España.

- Tras acabar los estudios, regresas a tu Rioja natal y eres contratado por una bodega en Laguardia, que estaría llamada a ser una de las grandes de Rioja: Artadi. ¿Qué te supuso trabajar durante 15 años allí?
En realidad, cuando acabé de estudiar mi plan era ir a Burdeos a seguir aprendiendo. Sin embargo, tenía pendiente el servicio militar y para no tener que dejar el stage a medias, decidí acabar primero la mili. A punto de colgar el uniforme, me salió la opción de entrar en Artadi y así es como me embarqué en el proyecto. De esa época me llevo mucha experiencia y sobre todo a saber ser fiel a mis ideas. En realidad fuimos unos transgresores que nos atrevimos a romper con lo establecido. En esos años (finales de los años 80 y principios de los 90), se había dado mucho valor al trabajo de “bata blanca”. Sin embargo, nosotros reivindicamos el trabajo en la viña. Además, empezamos a elaborar vinos sin usar tantas variedades blancas, con más taninos, con más estructura… Teníamos una manera de funcionar que para nada seguía con lo que hasta ahora se había hecho y, al principio, la gente no lo entendía y nos trataba de majaderos. Pero la gran aceptación que consiguieron nuestros primeros vinos, finalmente nos dio la razón.


- En 1999 decides dedicarte de lleno a tu proyecto personal en una cueva centenaria bajo el castillo de San Vicente de la Sonsierra.  Ahora que puedes mirar hacia atrás, ¿qué es lo más satisfactorio y lo más complicado de embarcarte en dicha hazaña?
Arranqué con mi proyecto personal cuando sentí la necesidad de elaborar mis vinos con total libertad. Mi objetivo es conseguir la máxima expresión de la tierra y, para ello, es imposible que las decisiones en la viña o en la bodega estén pendientes de un grupo de accionistas, que tienen como prioridad la cuenta de resultados. Empecé de cero mientras seguía trabajando en Artadi. No me escondí de ello. Juan Carlos, de Artadi, lo sabía e incluso me animó a probarlo. Aunque no tenía nada seguro, porque hacerse empresario es toda una aventura, yo tenía la técnica, los conocimientos y la viña de mi padre. Y eso me daba una base sólida. Aunque de primeras mi manera de hacer no estaba bien vista, en seguida mis vinos consiguieron la aceptación. Puedo decir que el componente suerte ayuda. Pero la suerte no viene sola. Tras de ella hay horas y horas de trabajo y dedicación.

- Tu proyecto personal lo bautizas con el nombre de Bodega Contador. ¿De dónde viene este nombre?
Cuando elaboré mi primer vino, en 1995, compré una de las cuevas que hay en el castillo de mi pueblo. Se trata de cuevas en donde desde el S. XIII se han guardado los vinos para su buena conservación. En ellas se mantiene la misma temperatura a lo largo de todo el año. Pero para llegar allí, antiguamente, el vino se transportaba en pellejos de cabra. Como cada pellejo era distinto y la fuerza de cada persona que lo transportaba también, en la entrada de la cueva había un encargado de calcular el peso de cada pellejo y decidir en qué cuba se metía el vino. Se trataba de una economía familiar que, a través de estos cálculos, podía predecir los beneficios anuales. Igualmente, tras vender el vino, lo volvían a pesar por posibles mermas antes de llevarlo al comprador. La habitación donde se encontraba el encargado de contar el vino en la entrada de la cueva se denomina contador. El nombre de la bodega quiere ser un homenaje a esta manera de hacer, tan real, tan tradicional y tan de nuestra tierra.

- Con tu primera creación Contador consigues que, por primera vez, un vino español reciba 100 puntos Parker dos años consecutivos. ¿Qué supuso este reconocimiento para ti y para tu bodega?
Aunque Parker ya probó mi primera añada en el año 1999, en ese momento solo me quedaban 95 botellas en EEUU y, por eso, aunque le gustó mucho el vino, no tenía sentido puntuarlo. Al año siguiente me invitó a presentarme, sin embargo, un ataque de mildiu en la viña me impidió ir a la cata. Aunque los organizadores no podían entender cómo podía rechazar la invitación, el propio Parker años más tarde me confesó que al enterarse de lo sucedido sintió admiración por anteponer el trabajo a los reconocimientos. Ya en 2004 y 2005 conseguimos los 100 puntos Parker. Sin embargo, tengo que decir que no hubo un antes y un después. Ahora, desde la perspectiva, veo que no le saqué el provecho que le hubiese sacado ahora. Yo era muy joven y lo que sentí que tenía que hacer fue compartir el éxito con los distribuidores que hasta entonces me habían apoyado, en vez de intentar abrir nuevos mercados. Está claro que hoy lo haría diferente, supongo que hubiese aprovechado más el filón, pero en ese momento es lo que me apeteció hacer.

- De la necesidad de plantearte continuamente nuevos retos, nace Qué bonito cacareaba, un vino blanco elaborado con viñas viejas de garnacha blanca, malvasía y viura, con 8 meses de crianza en barrica. ¿Piensas que es un buen momento para que los vinos blancos de Rioja ganen protagonismo?
Creo que es un buen momento para reivindicar el trabajo de calidad tanto para vinos tintos como para vinos blancos. Cuando lancé el primer vino blanco que se hacía en Rioja con esta filosofía, el Consejo Regulador daba subvenciones para arrancar cepas blancas. Durante mucho tiempo se había plantado mucha viña y la uva crecía sosa y de baja calidad. Sin embargo, yo tenía unas viñas viejas de variedades blancas preciosas que llamaban a gritos una producción de calidad. Es así como lancé mi primer vino blanco “El contador de gallocanta”. Un vino al que tuvimos que cambiarle el nombre cuando en 2004 la bodega californiana Gallo nos amenazó con llevarnos a los juzgados por la patente de la marca. Es por eso que tuvimos que rebautizarlo. Así que aunque el gallo ya no cantaba, “que bonito cacareaba”.

- Tu vino Predicador tiene un nombre y una imagen muy potente. ¿De dónde surge la idea?
Todas las etiquetas de mis vinos las pienso yo. Me lo tomo muy en serio porque soy de la opinión que al crear un vino hay que concebirlo íntegramente. Tras elaborar vinos importantes, me di cuenta de que la bodega necesitaba un vino más democrático, que fuera más fácil de entrar en los mercados. Es por eso que, inspirándome en la película “El jinete pálido”, donde Clint Eastwood hace el papel de un predicador justiciero, lanzo el vino Predicador con la imagen del sombrero que el actor lleva en el film. Para ello tuvimos que pedir permiso al propio actor quien, muy amablemente, cedió los derechos, a cambio de poder probar una botella de cada añada. Así es como cada año le envío una magnum por Navidad. Una anécdota divertida que incluso aparece en su biografía.

- Se ha escrito que San Vicente es el municipio con más puntos 'Parker' de España por habitante ¿Qué es lo que tienen San Vicente que no tenga otro lugar?
No sé si eso es verdad, pero lo que sí es cierto es que Bodega Contador es la bodega española que más puntos Parker acumula. Conseguir 100 puntos Parker es muy gratificante, pero conseguirlos no solo depende de ti. Hay muchas variantes subjetivas que te llevarán a obtener 100, 98 ó 94 aunque tengas un vino de 100. Pero lo que sí que es importante es mantenerse siempre arriba, añada tras añada.
Lo que sucede en San Vicente es que tiene la jurisdicción más larga y compleja de todas en la Rioja, con altitudes, suelos, y orientaciones muy variadas. Eso da una riqueza maravillosa y todo el mundo quiere participar de lo bueno.

- Rioja es una y grande, pero al mismo tiempo tiene multitud de zonas, municipios y parcelas muy distintas entre ellas. ¿Opinas que es importante esta diferenciación?
Todo no es igual. De eso estoy seguro. Incluso dentro del propio San Vicente. Aunque hay nivel, no todo el mundo trabaja igual. Sé que no es una tarea fácil, pero creo que hay que renovar el modelo existente y que si se hace bien beneficiará a toda la denominación. En la actualidad, cuando viajas fuera, te das cuenta de que el 80% de vinos que aparecen en las cartas son franceses. La clasificación exigente de Burdeos ha conseguido un sello de calidad que ha permitido beneficiar a toda la región. La clasificación en sub denominaciones en Rioja permitiría posicionarnos entre los mejores a nivel internacional.

- Crianza, Reserva y Gran Reserva… El debate existente entre las ventajas e inconvenientes para los vinos de Rioja, resulta sin duda un tema de gran actualidad para las bodegas de la D.O.Ca. Rioja. ¿Cuál es tu posición?
En ningún lugar del mundo, más que en Rioja y Ribera de Duero (quién se copió del modelo riojano) existe esta clasificación. Por algo será. En su momento funcionó porque las bodegas apartaban sus mejores uvas para la elaboración de los Grandes Reservas y las uvas más sencillas para los más jóvenes. Pero desde entonces, el mundo del vino ha cambiado mucho y no podemos comparar tiempo de crianza con calidad. No tiene sentido.

- Rioja es tu casa, pero tienes algún otro proyecto en activo o en mente en alguna otra región? ¿Dónde te gustaría probar suerte?
Alguna cosa sí que he hecho fuera de casa y me han invitado a participar en muchos proyectos por todo el mundo. Sin embargo, me he dado cuenta, después de 36 cosechas, que si quieres hacer algo grande necesitas estar in situ siempre. No puedo llevar el proyecto desde la distancia, necesito sentir la viña para desarrollarla al máximo. Ahora, por ejemplo, estoy arrancando un nuevo proyecto con viñas ubicado a una altitud de 700 metros pero en mi tierra, dentro de San Vicente.

- Sabemos que tu pasión es el vino. Sin embargo, ¿hay alguna otra afición que puedas compaginar con la bodega y tu tiempo libre?
Me gusta disfrutar de mi hijo, de mi hija y de mi mujer... De mi familia. También me gustan mucho los coches. Pero lo cierto es que en mi tiempo libre no tengo muchas pretensiones, lo que me hace feliz es disfrutar de las cosas simples de la vida.

- Ya, para terminar, ¿nos podrías confesar el vino que más gratamente te ha sorprendido en los últimos tiempos?
Los vinos que más me gustan son los que son muy buenos. Aquellos que son especiales. La suerte es que se hacen grandes vinos en muchas partes del mundo. Me gusta comprar y descubrir.