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Descubriendo Venus La Universal con René Barbier

04/07/2025 Entrevistas
Descubriendo Venus La Universal con René Barbier

Barbier es un nombre con historia, con peso, con legado. René es hijo de René Barbier, figura clave en la revolución vitivinícola del Priorat, y lleva ese apellido con naturalidad. No lo arrastra, lo impulsa. “Voy poco a poco”, dice con la serenidad de quien sabe que el buen vino —como los buenos caminos— se hace sin prisa.

Irreverente, emocionante, sincero… Si algo define a René Barbier es que no tiene pelos en la lengua. Dice lo que piensa, y lo que piensa está sin filtro pero fundamentado. Su curiosidad inagotable lo convierte en un eterno aprendiz, un culo inquieto que se mueve sin descanso entre ideas, viñas y fermentaciones. Esa energía se percibe con claridad en cada uno de sus proyectos: siempre hay algo que cuestiona, algo que busca, algo que transforma.

Creció entre las laderas de licorella, rodeado de conversaciones sobre ciclos, cosechas e intención. En Clos Mogador, la bodega familiar, hay cierta presión por mantener la excelencia. Pero en Venus La Universal, su proyecto más personal junto a su pareja y compañera de viaje, Sara Pérez, René respira libertad. Allí no compite, explora. “No se trata de hacer el mejor vino”, afirma, “sino de hacer cosas diferentes”. Su apuesta es clara: vinos honestos, con alma y sin artificios. Poco vino, sí, pero muy pensado.

100% viticultura creativa

René no practica una viticultura convencional. Lo suyo es viticultura creativa: una forma de entender el campo desde la adaptación, la diversidad y la sostenibilidad. Ante un escenario climático cada vez más exigente, su respuesta es actuar. Planta más al norte, apuesta por variedades autóctonas de ciclo largo y bajo grado alcohólico —como el Trepat o el Picapoll Tinto— y se dedica a recuperar viñedos viejos, no solo por su fruta, sino por el valor patrimonial que representan.


“Más que el resultado, lo que importa es el camino”, repite como un mantra. Y ese camino pasa por cuidar el Priorat como lo que es: un patrimonio universal. “Durante 20 años fue la única DO catalana que alcanzó los 100 puntos Parker”, recuerda, no por vanidad, sino para subrayar lo que hay que proteger. René insiste en la necesidad de más ayudas, más cultura del vino, más educación.


Por eso no le parece mal la nueva normativa que exige incluir un QR en cada botella, con información clara sobre la elaboración y la salud alimentaria. “Cuanto más transparencia, mejor”, asegura. Una medida que, en su opinión, también empujará a muchos elaboradores a elevar la calidad de la materia prima.

En la variedad está el gusto

René huye de la rutina como de un mal vino. Para él, hacer vino es experimentar, inspirarse, conectar. No se encierra en su mundo, se alimenta del de otros. Admira el frescor sin maquillaje de Cati Ribot y compañía en Mallorca; el minucioso estudio del suelo de Dani y Fernando de Comando G en Gredos; o el uso del velo flor por parte de Willy Pérez y Ramiro Ibáñez de De La Riba en Jerez. “Siempre me inspiro en otros”, dice con humildad. Y eso siempre enriquece.


De esa mezcla de influencias nació también La Solución Rosa, un rosado de lo más original, tratado con el mismo mimo y seriedad que cualquier gran vino. “El rosado siempre ha sido el hermano pequeño, pero nosotros hemos apostado por un vino de primera”, cuenta. El resultado es un vino gastronómico, complejo, alejado de la fruta fácil. Tiene crianza, profundidad y carácter.


Así es su filosofía: hacer poco, hacerlo bien, y hacerlo con emoción. “No somos artistas”, concluye, “pero despertamos emoción”. ¿Qué más se puede pedir?