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Viñedos que apagan incendios

14/07/2026 Actualidad
Viñedos que apagan incendios

Lamentablemente, cada verano se repite la misma escena: montañas envueltas en humo, bosques reducidos a cenizas y vecinos pendientes de la evolución de las llamas. El aumento de las temperaturas, la sequía y el abandono de muchas zonas rurales han convertido los incendios forestales en uno de los mayores desafíos ambientales de Europa.

Sin embargo, en medio de este panorama desolador, la viña está demostrando que puede desempeñar un papel mucho más importante que el de producir grandes vinos.


Los viñedos se han convertido en auténticos cortafuegos naturales. Al tratarse de terrenos cultivados y mantenidos de forma constante, presentan una menor acumulación de vegetación seca, lo que dificulta el avance del fuego. En numerosos incendios, estas parcelas han frenado la propagación de las llamas, protegiendo bosques, explotaciones agrícolas e incluso núcleos habitados.


Eso sí, esta labor silenciosa tiene un coste. Cuando el fuego llega a las viñas, los agricultores suelen ser los primeros perjudicados. Muchas veces sus cultivos actúan como barrera frente al incendio, pero terminan dañados o destruidos, obligando a los viticultores a afrontar importantes pérdidas económicas mientras contribuyen, sin buscarlo, a la protección del territorio.

Un sello para reconocer a quienes cuidan el paisaje

Con el objetivo de reconocer el papel que desempeñan algunos cultivos en la prevención de incendios forestales, en julio de 2025 la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea registró las marcas de certificación Fire Wine Resilient Landscape© y Fire Product Resilient Landscape©. Estos distintivos identifican a bodegas y productores agrícolas cuyas explotaciones, además de producir alimentos o vino, contribuyen a crear paisajes más resistentes frente al fuego.


El sello pone en valor una forma de gestionar el territorio en la que la actividad agrícola ayuda a reducir la continuidad de la vegetación combustible y favorece un paisaje en mosaico, capaz de dificultar la propagación de los grandes incendios.


Estas certificaciones son propiedad del Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC) y nacen como una herramienta para trasladar al mercado el valor ambiental que aportan determinados cultivos. Su desarrollo se apoya en el conocimiento generado por diversos proyectos de investigación europeos, entre ellos LIFE MIDMACC, que entre 2019 y 2024 demostró cómo la recuperación de viñedos y otros usos agrícolas en zonas de media montaña puede actuar como cortafuegos natural y, al mismo tiempo, contribuir a revitalizar el medio rural.

El mosaico que dificulta el avance del fuego

Uno de los mejores ejemplos de este modelo se encuentra en la finca Mas Marés, de Espelt Viticultors, situada en el entorno del Parque Natural del Cap de Creus. Allí, la plantación de viñedo no se planteó únicamente con fines vitivinícolas, sino también como parte de un proyecto integral de gestión del paisaje.


Desde que comenzaron las plantaciones en 2003, el diseño de la finca se realizó junto a los responsables del parque natural para crear un mosaico agroforestal capaz de favorecer la biodiversidad y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de incendios.


El terreno se organiza en tres espacios diferenciados. Los encinares conservan uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad de la zona. Los pastos permanecen abiertos gracias al pastoreo del ganado, que elimina vegetación combustible de forma natural. Y alrededor de los viñedos se extienden áreas de estepa, que además de actuar como franja de protección ofrecen un hábitat idóneo para especies como el cernícalo primilla, actualmente objeto de programas de recuperación.


Mucho más que producir vino

La viticultura está demostrando que puede aportar beneficios que van mucho más allá de la elaboración de vinos. Mantener los cultivos activos significa conservar el paisaje, generar biodiversidad, fijar población en el medio rural y reducir el riesgo de incendios de gran magnitud.


En un contexto en el que los fuegos son cada vez más intensos y difíciles de controlar, apoyar a quienes trabajan la tierra puede convertirse en una de las herramientas más eficaces para proteger el territorio. Porque, en ocasiones, la mejor defensa contra un incendio no comienza cuando despega un hidroavión, sino mucho antes, entre las hileras de un viñedo cuidadosamente cultivado.