Vino en casa: Cómo guardarlo como un profesional
¿Estoy cuidando mi vino como se merece? ¿Necesito una vinoteca? No hace falta complicarse: con unos sencillos cuidados podrás alargar la vida de tus vinos favoritos.
Todo amante del vino sabe lo que se siente al tener algunas botellas en casa: aquellas que guardas para un momento especial, las que te recuerdan fechas, viajes, celebraciones o simplemente caprichos que no quieres descorchar de inmediato.
Aquí va la regla de tres para que puedas conservar en casa tus vinos más queridos, de manera profesional y sin complicaciones.
Posición
Lo clásico sigue siendo lo más seguro: guarda las botellas horizontalmente, para que el corcho esté siempre en contacto con el líquido. Si el corcho se seca, pierde elasticidad y deja pasar oxígeno, arruinando el vino.
Los vinos con tapón de rosca, pensados para beberse jóvenes, no necesitan estar en esta posición, pues no hay un corcho que se reseque; los espumosos pueden ir en vertical u horizontal según tu preferencia; los expertos no se ponen de acuerdo, aunque, si bien es cierto, algunos afirman que es mejor hacerlo de manera vertical, ya que el gas tiende a subir. Tú eliges.
Temperatura
El vino odia los cambios bruscos de temperatura, la luz y los lugares ruidosos (sí, la cocina no es la mejor opción). Lo ideal es guardarlos en un lugar tranquilo y oscuro con una temperatura entre 7 °C y 18 °C, siendo 14-16 °C el nirvana para los vinos de guarda. Para los espumosos de calidad, un toque más fresco, 10-12 °C.
Humedad
Ni demasiado ni demasiado poco. Entre 60% y 80% de humedad es lo correcto: suficiente para mantener el corcho hidratado y evitar que el oxígeno entre, pero sin pasarse y que aparezcan hongos o moho en la botella.
¿Qué vinos podemos guardar?
Aquí no hay fórmulas mágicas, pero sí pistas. Para abreviar, los vinos elaborados con uvas maduras, sanas, de buena añada y con crianza, suelen estar preparados para envejecer. Entre los tintos, variedades como syrah, tempranillo, merlot o cabernet sauvignon son fuertes candidatos a una larga vida.
No descartes los vinos blancos: riesling, chardonnay o macabeo (viura) pueden envejecer con elegancia y sorprenderte con su evolución. Y con los vinos jóvenes… ¡no te hagas de rogar! Están pensados para disfrutarse ahora, aunque siguiendo estos consejos quizá logres estirarlos un poquito y descubrir nuevas notas con el tiempo.
Aunque no todos tengamos una vinoteca de lujo para mimar nuestras botellas más preciadas, con un poco de sentido común y mucho cariño puedes darles un rincón donde evolucionen felices. Y créenos, ellas te lo devolverán con creces, regalándote sorbos y experiencias inolvidables que saben a pequeño triunfo en cada descorche. ¡Salud y a disfrutar!