La lechuza es mucho más que un ave nocturna fascinante. Es sabiduría, paciencia y elegancia, y en Finca Las Caraballas se ha convertido en un aliado silencioso de los viñedos. El proyecto, liderado por Elías Redondo —un riojano que en 2005 compró una finca de 100 hectáreas en Medina del Campo (Castilla y León) —, nació con tres objetivos claros: desarrollar una agricultura ecológica y respetuosa, mejorar el entorno natural y producir productos de máxima calidad.
Dentro de esta premisa, la lechuza juega un papel protagonista. Aquí se colocan nidales para estas guardianas del bosque, una estrategia natural que protege los cultivos frente a plagas de roedores, aporta salud y prosperidad a los viñedos y ayuda a mantener el equilibrio del ecosistema.
Entre los frutos de esta filosofía, destaca Finca Las Caraballas Chardonnay, un vino que captura el carácter de la finca y de su entorno. Los viñedos propios se encuentran a 700–750 metros de altitud, en plena llanura castellana salpicada de pinares, con suelos calizos franco-arenosos de gran profundidad, salpicados de cantos graníticos y subsuelos arcillosos que aportan mineralidad y estructura a la uva. Las viñas, con 15 años, se cuidan siguiendo criterios ecológicos y sostenibles, respetando cada racimo y cada estación.
Para la vinificación, el mosto se obtiene por prensado directo, con un desfangado suave y sin aditivos. La fermentación tiene lugar en depósitos de hormigón pulido, utilizando las levaduras indígenas propias de la uva, y el toque final lo aporta el trabajo sobre lías finas, que da al vino textura, complejidad y redondez en boca.
Finca Las Caraballas Chardonnay es un chardonnay fresco, elegante y equilibrado, que refleja la identidad de la finca, el respeto por la tierra… y la sabiduría de la lechuza, la guardiana silenciosa que vela por los viñedos y por nuestra pasión por el vino.