Si alguna vez has escuchado el término "espantaburros", quizás te hayas imaginado algo curioso, ¿verdad? En términos coloquiales castellanos, espantaburros es el nombre de una planta de salvia que crece como un matojo y es muy molesta para el ganado. Es de suponer que el nombre lo recibe porque, al ser tan incómoda, "espanta" (asusta) a estos animales. Y qué curioso es, que César Fernández Díaz, joven enólogo de Ribera del Duero, ha decidido bautizar a uno de sus vinos con este nombre, transformando algo tan molesto en una auténtica joya del terruño.
César, aunque recién empieza su camino en el mundo del vino, ya tiene muy claro el tipo de vino que quiere hacer en su pequeña finca de 1,5 ha de viñas familiares muy antiguas, algunas de ellas prefiloxéricas, en Fuentelcésped (Ribera del Duero). Su filosofía es clara: "Hago vinos que me gusta beber". Lejos de buscar la opulencia de frutas excesivas, César prefiere vinos con mineralidad, elegancia, acidez y austeridad, esos que se sienten finos, estrechos y crudos, con una tensión y electricidad inconfundibles en el paladar. Actualmente, produce menos de 4.000 botellas al año, pero su enfoque en la frescura y el carácter mineral de sus vinos ya es un sello de identidad.
Uno de sus vinos más representativos es este César Fernández Díaz Espantaburros, un coupage de tempranillo, garnacha y bobal que proviene de viñas plantadas en 1950, cultivadas a través de prácticas biodinámicas y vendimiadas en el momento óptimo de maduración. En bodega, las uvas fermentan con racimos completos y levaduras autóctonas, madurando en una combinación de barricas bien sazonadas de 500 y 600 litros, junto con un ánfora de 125 litros. El resultado es un vino que se embotella sin filtrar, sin clarificar y sin añadir sulfitos, manteniendo su pureza y carácter.
Lejos de seguir las convenciones tradicionales, César Fernández Díaz Espantaburros refleja la personalidad de su creador y su visión del vino en Ribera del Duero. Este vino pone de manifiesto que hay mucho más en esta zona de Castilla y León de lo que tradicionalmente se cree, un aire fresco y lleno de personalidad que nos invita a descubrir la Ribera del Duero desde una nueva perspectiva. ¡Sin duda, un vino que espanta los estereotipos y deja huella!