Cuando uno piensa en nebbiolo, la mente viaja casi automáticamente a las colinas de Barolo y Barbaresco, a las nieblas que dan nombre a la uva y a esos vinos longevos que han conquistado cartas de restaurantes y corazones de coleccionistas. Pero lo que pocos recuerdan —y muchos ignoran— es que el nebbiolo no nació en las suaves lomas de Langhe, sino más al norte, en la base de los Alpes, donde el aire es más fresco y los suelos guardan historias aún más antiguas.
La zona a la que nos referimos es el Alto Piamonte, una región escarpada y majestuosa que alguna vez fue una potencia vinícola. Sin embargo, a finales del siglo XIX, la industrialización arrasó con ese esplendor. Los viñedos fueron abandonados, las familias emigraron, y las colinas quedaron cubiertas de bosques… y olvido. Hoy, apenas queda un cinco por ciento de la superficie que alguna vez estuvo plantada con nebbiolo.
Pero hay quienes se niegan a dejar que esa historia termine en silencio.
Uno de ellos es Carlo Colombera, quien en 1992 compró una antigua casa de campo derruida en Lessona junto con dos hectáreas de viñedo. Lo que comenzó como un acto de intuición se ha convertido, con los años, en una de las bodegas más vibrantes del Alto Piamonte. Junto a su hijo Giacomo y el joven enólogo Cristiano Garella, han tomado las riendas del proyecto con una misión clara: devolver al nebbiolo alpino el lugar que merece. Y vaya si lo están consiguiendo.
Uno de sus vinos más fascinantes es Colombera & Garella Lessona Crose, elaborado exclusivamente con nebbiolo de viñedos propios en el municipio de Lessona, a 350 metros sobre el nivel del mar, sobre suelos de antiguas arenas marinas. La viticultura es respetuosa y natural con compost y preparados biodinámicos y nada de herbicidas ni pesticidas sintéticos.
Las uvas se cosechan a mano, se despalillan y estrujan, y fermentan de forma clásica, sin control de temperatura, con remontados y delestage, como se hacía antes. El vino envejece durante dos años en grandes barricas de 2.500 litros, y luego reposa unos meses más en depósitos de cemento, donde termina de afinarse y ensamblarse.
El resultado es un nebbiolo de otra voz. Colombera & Garella Lessona Crose no intenta competir con Barolo —ni lo necesita—. Habla otro dialecto, más sobrio, más mineral, más directo. Es una expresión elegante, sutil, profundamente ligada al lugar de donde viene.