Entre Estados Unidos y Europa hay todo un océano, pero fue ese mismo mar el que unió al danés Hans y a la norteamericana Carrie cuando decidieron zarpar en velero en busca del lugar perfecto para formar una familia. Ese destino fue Alentejo, en Portugal, donde encontraron no solo su hogar, sino también el viñedo ideal para desafiar las tradiciones. Y es que en una región dominada por variedades blancas, se atrevieron a plantar uvas tintas, dando origen a su proyecto: Cortes de Cima.
Hoy, su hija Anna Jorgensen continúa el legado con una filosofía de mínima intervención y máxima sostenibilidad, asegurando que cada vino refleje la pureza de su entorno. Cortes de Cima Tinto es un claro ejemplo de ello. Un coupage de syrah, touriga franca y otras variedades autóctonas, cultivadas en un viñedo privilegiado cerca de la Serra do Mendro. Un lugar único que, gracias a la influencia de las brisas atlánticas, este terroir goza de un microclima excepcional que suaviza las cálidas temperaturas del sudeste portugués. Además, sus suelos de granito y caliza aportan estructura y mineralidad, permitiendo que la vid exprese todo su carácter. La vendimia manual nocturna y una vinificación de mínima intervención garantizan la máxima expresión de la fruta. Posteriormente, el vino envejece durante 12 meses en barricas de roble francés y americano, logrando equilibrio, profundidad y complejidad.
Con su carácter vibrante, taninos sedosos y una fruta bien integrada, Cortes de Cima Tinto es el reflejo de una historia de pasión, audacia y respeto por la tierra. Un vino que trasciende fronteras y tradiciones, con el alma de Alentejo y el espíritu de quienes se atreven a soñar.