Aunque cuando hablamos de cosechero solemos asociarlo con la persona que recoge los frutos o productos del campo cuando ya están maduros, en regiones vinícolas como La Rioja el término adquiere un significado más profundo. Allí, cosechero designa al productor de uvas o vino, especialmente a quien elabora vino con sus propias uvas, sin recurrir a grandes medios industriales. Con el objetivo de mantener viva esta tradición, surge en la vendimia de 2020 el proyecto Cosecheros de Labastida, impulsado por cinco viticultores —Jorge Gil, Íñigo Perea, Luis Salazar, Alain Quintana y Alberto Martínez— que deciden rendir homenaje a sus antepasados retomando la práctica ancestral de producir vino con sus propias uvas, en lugar de venderlas a grandes bodegas.
Para cumplir este propósito, cuentan con el apoyo de Telmo Rodríguez y la Granja Nuestra Señora de Remelluri. Con esta iniciativa, Cosecheros de Labastida, protegen su oficio frente a la amenaza de la industrialización y muestran al mundo la diversidad y calidad del auténtico terruño de Labastida, recuperando así el espíritu vitivinícola más puro, tradicional y singular.
En el caso de Espinobendito es el proyecto personal de Íñigo Perea. Conservado de generación en generación, este viñedo cuyo origen se estima que podría ser anterior a 1890, sobrevivió gracias a Agustín Perea, abuelo de Íñigo, quien reconoció el valor de las viejas cepas y las protegió de la replantación. Vides plantadas entre frutales —melocotoneros, higueras y manzanos— y con una mezcla de variedades tintas y blancas y cultivadas según prácticas tradicionales. La vendimia se realiza a mano, en cajas de 12 kg. Tras una selección manual en la bodega, las uvas se despalillan y fermentan con levaduras autóctonas en barricas usadas de roble francés de 500 litros (bocoys). La fermentación dura entre 20 y 25 días, con remontados dos veces al día.
Finalizada la fermentación alcohólica, las uvas se prensan suavemente y el vino se trasiega a barricas usadas de 500 y 225 litros, donde realiza la fermentación maloláctica durante al menos 5 semanas. Después, reposa entre 18 y 24 meses, con un trasiego anual hasta su embotellado.
Con Espinobendito, Íñigo Perea rescata un viñedo centenario y una forma de vinificar que refleja la esencia del terruño de Labastida. Un vino sincero, equilibrado y profundamente ligado a la historia de su familia.