En Borgoña, cada colina cuenta una historia, y la de Les Vaumuriens es una de las más encantadoras de Pommard. Su nombre, heredado del antiguo francés, significa literalmente “el valle de las moreras” —vau por valle, murier por morera—, un guiño a su pasado agrícola, cuando los árboles frutales compartían estas tierras con las primeras viñas. Hoy, esas laderas calizas dan vida a uno de los pinot noir más finos y expresivos de la denominación.
Aunque Les Vaumuriens no ostenta la clasificación de Premier Cru (aunque muchos defienden que debería), es una parcela muy apreciada por los productores locales por su elegancia y su capacidad para mostrar el lado más refinado y mineral de Pommard. Es el tipo de vino que no busca imponerse con potencia, sino seducir con profundidad, equilibrio y una frescura casi etérea.
Uno de los responsables de esta interpretación magistral del viñedo es Domaine Chantal Lescure, fundado en 1975 por Chantal Lescure y Xavier Machard de Gramont. Desde entonces, la bodega ha crecido hasta alcanzar 19 hectáreas, extendidas desde las laderas de Dijon hasta Meursault, todas cultivadas bajo agricultura ecológica certificada desde 2006. Su filosofía es clara: intervenir lo menos posible para que la tierra hable con voz propia.
Pommard Les Vaumuriens procede de viñas viejas plantadas sobre suelos de piedra caliza, en una ladera de exposición ideal. La vendimia se realiza a mano, en pequeñas cestas, con una selección minuciosa de racimos antes del encubado por gravedad. La fermentación se lleva a cabo con levaduras indígenas en cubas de madera durante unos 18 a 20 días, seguida de una crianza en las mismas cubas, con entre un 50 y un 80 % de roble nuevo procedente de bosques del centro de Francia y de los Vosgos. Tras un trasiego y un breve reposo, el vino se embotella sin filtrar, conservando toda su pureza.
Como resultado Pommard Les Vaumuriens es un gran pinot noir de terroir, vibrante y elegante, donde la tensión mineral y la fruta roja fresca se equilibran con una textura sedosa y un fondo terroso que recuerda de dónde viene. Un vino que demuestra que, en Borgoña, el terroir es lo que manda.