Incluso cuando se utilizan las mismas variedades, los mismos porcentajes y el mismo proceso de elaboración para un vino, las condiciones externas pueden hacer variar significativamente los resultados. Las condiciones climáticas, el suelo, las prácticas agrícolas y muchos otros factores, afectan al crecimiento de las uvas y, por lo tanto, hace que cada añada sea única y distinta. Y es así como el viticultor Alessandro Scappini en su bodega familiar Podere Il Castellaccio, en la Toscana (Italia), lo ratifica en cada una de sus añadas. Tanto es así que incluso en Podere Il Castellaccio Somatico, un vino tinto que elabora con la variedad autóctona pugnitello, demuestra esta singularidad renovando anualmente el diseño de la etiqueta. Su encargada, Andrea Carciola, ha creado una composición de veinte rostros que cambia de cosecha en cosecha. Toda una declaración de intenciones.
Procedente de cepas de 50 años plantadas sobre suelos de esquisto margoso a una altitud de 160 m sobre el nivel del mar, Podere Il Castellaccio Somatico es un tinto atípico que recupera una variedad olvidada y abandonada de la Toscana. El cultivo es y la vendimia es manual en el momento óptimo de maduración. En bodega, la fermentación se realiza con levaduras autóctonas en depósitos de hormigón, con maceración con los hollejos durante aproximadamente dos semanas. Después, el vino cría en barricas de 500 litros durante 12 meses. Finalmente, se embotella y permanece durante12 meses antes de salir al mercado.
Siendo la pugnitello una uva antigua olvidada que ha encontrado una nueva patria en las tierras de la Maremma toscana, Podere Il Castellaccio Somatico es un tributo a la historia, la tierra y el arte de la vinificación. Todo un saber hacer que Alessandro Scappini recupera en su versión más auténtica, añada tras añada.