Si se habla de Giuseeppe Quintarelli hay que hacerlo a otro nivel. Y es que, después de 60 años al frente de la bodega familiar, Giusseppe consiguió convertir sus 11 hectáreas de viñedo en algo grande. Situada en Negrar, una de las zonas más importante en pleno corazón de Valpolicella Classico (en el norte de Italia), este viticultor descubrió que más allá de los tintos frescos y fluidos que se hacían en la región podía elaborar grandes vinos, con mayor cuerpo y estructura. Hoy, la bodega se encuentra en manos de su su hija Fiorenza, su yerno Giampaolo y sus nietos, pero la filosofía sigue siendo la misma, elaborando vinos como Quintarelli Primofiore.
Quintarelli Primofiore es un tinto amarone, elaborado bajo la I.G.P. Veneto, donde Italia y Francia se mezclan a partes iguales: la corvina y la corvinone, por un lado; la cabernet sauvignon y la cabernet franc por otro. Todas estas variedades crecen en la zona oeste del Véneto, donde se sitúan los mejores terroir sobre suelos calcáreos -de origen volcánico, ricos en minerales y muy fértiles-, y bajo inviernos fríos y veranos calurosos y húmedos.
Tras un cuidado minucioso, la uva se vendimia y se deja secar durante un mes en cajas de madera. Este procedimiento, que se conoce como appassimento, tiene como objetivo secar la uva y aumentar el contenido de azúcar antes de comenzar la fermentación. Tras el prensado, Quintarelli Primofiore se coloca en los depósitos de fermentación donde las levaduras lo convertirán en vino a través de la fermentación alcohólica. Una vez acabado este proceso, Quintarelli Primofiore tendrá una crianza de un año en barricas de roble de Eslavonia.
En 2019 los Amarone de la Valpolicella se situaron como los segundos vinos más caros de Italia (tan sólo superados por los Brunello de Montalcino), pero hay que tener por seguro que un tinto como este no tiene precio. ¿Quién puede ponerle coste a tal placer?